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Ambientación
Año 2039. Pese a que en la mayor parte de Europa el proceso de paz tras una larga guerra se ha ido concretado, Inglaterra, la raíz intolerante de la guerra sigue envuelta en un caos sin ton ni son. Los humanos no quieren vivir con los magos o cualquier otro ser mágico. Lo mismo sucede con buena parte de la raza mágica.

Los humanos sin magia han optado por volverse más viscerales después de casi 20 años en una continua guerra que sólo ha dejado destrucción y soledad en la capital londinense. Han decidido que erradicar la magia de Inglaterra es la única manera de establecer la paz y, evidentemente, la sociedad mágica no está de acuerdo.

El Ejército de la Alianza Humana ha preparado sus grandes robots para escanear cada ápice de tierra e inhabilitar a cada ciudadano con capacidades mágicas bajo las herramientas necesarias. Los capturados son llevados a campos de concentración donde les son retirados todos los aspectos mágicos y “reconvertidos” a humanos sin posibilidad de ejercer sus habilidades.

La mayor parte de la historia se desarrolla on rol en algunos países de Europa, aunque es una guerra a nivel mundial que afecta en mayor o menos medida a casi todo el planeta, especialmente en las ciudades. Actualmente en el año 2038, el tipo de mundo en el que está ambientado es una mezcla entre lo futurista de la tecnología humana, con elementos de ciencia ficción que se contraponen a un mundo más tradicional de tipo fantástico, representado en su mayoría por los magos. La escenografía es a menudo oscura, con tintes post apocalípticos.


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Acantilados de Dover

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Acantilados de Dover

Recuerdo del primer mensaje :



Los acantilados de Dover son la frontera más cercana a la devastada Francia. Son un lugar poco vigilado, en el que son frecuentes las entradas y salidas de personas.

Mensaje por Admin el Jue 16 Jul 2015, 14:07

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Re: Acantilados de Dover

Me aparezco en los acantilados de Dover tras haber terminado un par de tareas a lo que el mantenimiento de aquella criatura se refería. Voy a necesitar a Celia para indagar más en esa mente. Y por si fuera poco mi espía se había marchado.

"Menuda cobarde. He gastado dinero tontamente. Al próximo no le voy a pagar así como así. Jum"

Golpeo con mis nudillos la puerta antes de entrar, encontrándome un curioso panorama. Una muchacha de pelos blancos y un extraño hombre asiático, muy alto para ser un asiático, acompañan a mi hija.

-Buenas tardes. Soy la madre de Celia. ¿Ya has hecho amigas por aquí, señorita? Me tenías preocupada-Le digo en un suave reproche. Le va a caer una buena en cuanto volvamos a Gorgoroth, ya verá. -Y bueno, Celia, ¿quién es nuestro compañero?

Mensaje por Paula Barhih Cobos el Lun 12 Oct 2015, 23:01

Paula Barhih Cobos

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Re: Acantilados de Dover

Ante todo esto solo puedo mirar a Lisya con lástima. ¡Por qué un ser tan bello como ella sufre tanto! Es el caro precio que hay que pagar por ver todas las eras del mundo en el que vivimos.

-Pues se parece más a Russell Crowe... -Comento cuando Kosuke dice que es clavado a Napoleón, revisando su memoria. Aunque el uniforme es bastante parecido. Cuando llega mi madre, no puedo evitar sonreírle. La echaba de menos, aunque esta aventura ha sido bastante entretenida.

Mensaje por Celia Fesbak Cobos el Lun 12 Oct 2015, 23:12

Celia Fesbak Cobos

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Re: Acantilados de Dover

-No sé que estás pensando pero... para mi, las cosas de mi imouto -hermana pequeña en japonés- no me parecen estupideces -me acerco a ella y pongo mi mano humana sobre su cabeza mientras que con la metálica saco uno de mis papeles comunicadores -este es un papel muy especial, siendo elfa no debería de suponerte ningún problema así que te explicaré cómo funciona, induces magia sobre el papel y ésta modificará la tinta para escribir el mensaje que tengas en mente, dicho mensaje me llegará a mi, cuando recibes un mensaje mediante este papel, éste te avisará con un pequeño zumbido en la cabeza, no es molesto, y es un medio de comunicación que pasa desapercibido, por supuesto, antes de enviar el mensaje tienes que pensar en la persona a la que se la vas a enviar -le expliqué el funcionamiento de dicho papel comunicador- además, si me necesitas, podrás avisarme y yo iré en tu busca, Lisy-chan -al llamarla Lisy-chan me vengo un poco por lo de llamarme onii-chan, con una leve sonrisa y un guiño.

En cuanto Celia me dijo que Napoleón (o así lo llamo, no sé ni me interesa su nombre) que se parece a un tal Russell Crowe, me puso algo de los nervios, no me gusta demasiado que me sondeen la cabeza, que rebusquen en mis memorias, desde luego voy tendré que tener cuidado con la shek e iniciar más adelante un entrenamiento contra ataques y lecturas de mente sin mi consentimiento.

Al poco tiempo, apareció otra mujer, quien decía ser la madre de Celia y que estaba preocupada por ella, desde luego por el tono en el que se lo dice huele a que le van a echar la bronca en casa. A continuación, me pide que me identifique -Zekerasu Kosuke -solo dije mi nombre, cruzado de brazos, no me ha pedido otra forma de presentarme, así que mejor al grano, en cuanto se la lleven o se lleven a ambas, yo me iré de aquí a continuar mi entrenamiento, debo de recuperar mi manejo del rayo que solía tener antaño antes de lo ocurrido hace 7 años.

Mensaje por Kosuke Zekerasu el Lun 12 Oct 2015, 23:46

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Re: Acantilados de Dorver

Tomo el papel que me entrega onii-chan observándolo con curiosidad mientras él me explica lo que es y la forma en la que utilizarlo, llevándome de esa forma la mano al cuello con rapidez.
-Se parece a mi colibrí -murmuró apretando eñ colgante entre mis dedos.
Me había olvidado de él a pesar de que lo tengo desde hace años, no por ello significa que recuerdo a la perfección la fecha en la que lo cogí por primera vez (ya podía haber sido ayer)...pero por lo menos esa pequeña presencia astral nunca me abandonará.
-Gracias onii-chan aunque no tengo bolsillos dónde guardarlo -medito un segundo, deslizando la vista por mi cuerpo hasta reparar en el sitio perfecto- ¡Ya lo tengo! -llevo la mano hasta una de las copas que cubren mis senos, tampoco estoy tan loca para ir andando en bolas pero es cierto que no voy muy recatada y menos cuando meto el papelito hay sin importarme que kosuke o Celia estén delante mía- no habéis mirado ¿verdad? -pregunto con la inocencia de cualquier niño, rivalizando mi rostro con la imagen que acabó de dar y que sinceramente no me avergüenza en lo más mínimo...por sí no se sabía...no soy de las que se consideran "normales".
Fue entonces cuando vi a la madre de la niña, seguramente una soul reaper, y dándome por aludida a la pregunta no tardo en acércame a ella con la mano extendida hacia el cielo.
-Lisy.

Mensaje por Lisya Al´thratos el Mar 13 Oct 2015, 21:47

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Re: Acantilados de Dover

No puedo evitar sonreír cuando ambos me dicen sus nombres. Tan jóvenes. Por lo menos en apariencia. No me hace falta leer mentes para ver la fuerza de voluntad de Kosuke, ¿o tal vez es tozudez? ¿Querrá unirse a nuestra causa? Me fijo en su brazo mecánico, un poco cantoso, la verdad. Shail también tenía una pierna artificial, pero era mucho más discreta. Suspiré, melancólica.

-Encantada de conocerte Kosuke. Así que tú eres Lisy. Me encantaría hablar contigo largo y tendido. Pero ya más tarde, ¿no te parece?-Digo poniendo una mano en su hombro. Oculta algo, no es lo que parece. Hum, será divertido averiguarlo. Aunque mi hija se dispone a revelarme mentalmente la herencia élfica de Lisy. Bueno, una distracción menos. -Bueno Lisy, ¿te vienes con nosotras, o vas por tu cuenta?

Mensaje por Paula Barhih Cobos el Mar 13 Oct 2015, 23:24

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Re: Acantilados de Dover

Coge el papel que le ofrecí y lo observa detenidamente, llevándose la mano al cuello, donde lleva un colgante con un colibrí, murmurando que el papel se parece a su colibrí -¿Mmm? ¿Entonces tu colgante tiene un sistema de comunicación similar a mi papel? -pregunté, para confirmar que su colibrí sirve para enviar y recibir mensajes- Bueno de todas formas quédate el papel, es bastante seguro.
Me agradece el papel, aunque me dice que no tiene bolsillos, se mira por todo su cuerpo, buscando un sitio donde poder guardarlo hasta llegar a la conclusión de... ¡¿Guardarlo en sus pechos?! ¡¿En serio?! Me quedé embobado durante un segundo, mi mente formó una imagen de cómo si despegase un cohete... solo que el cohete lo era yo, volando mediante hemorragia nasal, algo bastante cliché en los animes para estas escenas. Algo colorado, le respondo sobre si habíamos mirado o no -... Sí, me temo que sí he mirado -lo sorprendente es el cómo lo ha preguntado, con toda la inocencia de una niña, desde luego no le ha avergonzado hacerlo delante de 3 personas, lo hizo así de gratis, yo por mi parte... este tipo de escenas no las veo mal.

Noté como la madre de Celia se fijó más de la cuenta en mi brazo derecho, a lo cual respondí con una mirada seria -Yo también estaría encantado de conocerte, si me dijeras tu nombre claro -lo dije de manera amable, aunque me molesta que ella no se hubiese presentado, pedir a la gente que se presente sin tu presentarte antes me parece de mala educación desde luego. Se acercó a Lisy, con interés en ella, parece dispuesta a llevársela también en cuanto le pregunta si se va con ella, cojo mi bolsa y me acerco a la puerta, con ademán de irme -Bueno Lisy-chan si ya te vas, ya nos veremos en otra ocasión, si me necesitas, estaremos en contacto -le guiñé mi ojo rojo junto a una ligera sonrisa tras salir de allí andando, si ella decide seguirme no voy a quejarme en absoluto, las compañías femeninas la mayoría de veces suelen ser buenas.

Mensaje por Kosuke Zekerasu el Miér 14 Oct 2015, 21:59

Kosuke Zekerasu

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Re: Acantilados de Dorver

Sigo concentrada en el papelito "Si, por ahora, mejor ahí", incluso cuando escucho las palabras de Kosuke a las que no puedo evitar responder al elevar la vista con una sonrisa pícara y realizar el mismo gesto con los dedos que ha hecho él hace unos minutos, colocándolos en su frente y empujándola levemente hacia atrás.
-Eres malo, onii-chan.
Hubiera seguido bromeando, lo cual debo admitir que me hubiese encantado pues era penetrar en uno de mis juegos favoritos, no obstante la madre de Celia interrumpió mi cachondeo con esa frase que me hizo recordar que estaba frente a ella, cruzando por un segundo su mirada con la mía.
"Esta mujer da miedo"
No me importa que lo escuche Celia pues hubiera sentido el mismo temor, es como si me estuviera mandando que me fuera con ellas...y eso en cierta manera no me agrada ¿volver a ese sitio aburrido y esperar hasta que alguien responda? Sinceramente no me gusta, nunca he permanecido quieta en un mismo sitio (a excepción de mi cueva) demasiado tiempo.
-¿Eeeh? Acabaré yendo tarde o temprano pero antes me gustaría dar unas vuelta por el mundo...
A pesar de mi reticencia y temor hacia la desconocida, que sigo sin saber su nombre a diferencia de ella por supuesto "La niña se lo habrá contado...nada que mi vida ya la acabará sabiendo toda Inglaterra" trato de mostrarle una de mis más dulces sonrisas mientras revuelvo el pelo de Celia y salgo de la casa.
-Joder que mal rollo.
Me quedo unos segundos fuera, suspirando ¿y ahora a dónde demonios voy? Ya se me ocurrirá algún sitio...pero no puedo evitar sonreír al recordar el guiño de Kosuke y su rubor al ver dónde había guardado el papel.
-¡Ja! Eso por lo de los dedos -murmuro cerrando el puño y alzarlo como si en verdad se tratase de una hazaña.
"A todo esto ¿dónde se habrá metido?"
No creo que vaya a encontrarlo a estas alturas pero aun así miro a ambos lados hasta que cierro los ojos, intentando recordar algún lugar, aunque me mantengo en el mismo punto unos minutos.
"¡ESTO NO SE ME DA BIEN!"
Vuelvo a abrirlos, sin llegar a concentrarme “Uyy no quiero ir a Gorgoroth Throat, me aburría demasiado..." Fue entonces cuando vi una figura en el horizonte “Puede ser..."
De acuerdo, en ocasiones...en la mayoría de las veces, soy algo impulsiva y supongo que en esa más todavía al no pensar por un segundo que no pudiera tratase de él sino de cualquier otra persona; no obstante, a medida que me acercó corriendo, distingo la chaqueta que en cierto momento me protegió del frío.
Cuando al fin lo alcanzó con la velocidad de un rayo pero con mucho mayor silencio, le doy unos golpecitos en la espalda.
-Realmente eres malo, onii-chan.
Sin decir más comienzo a caminar a su lado con los brazos cruzados bajo mis pechos, simulando un enfado que no se asemeja para nada a mi verdadero estado de ánimo...pero ¿qué se le va a hace? No puedo evitar reconocer que me agrada su compañía, aunque todavía eso no salga por mis labios.

Mensaje por Lisya Al´thratos el Miér 14 Oct 2015, 23:46

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Re: Acantilados de Dover

-¡Oh lo siento mucho! Soy una despistada. Podéis llamarme María- Les respondo usando mi segundo nombre, si nuestra amiga soul decide venirse con nosotros ya me llamará Paula. Sonrío a ambos mientras Celia se despide. Cuando quedamos solas, me vuelvo hacia ella.

-Cuando volvamos quiero me lo cuentes todo, ¿de acuerdo?- Le digo más seria, desapareciéndome con ella.

Mensaje por Paula Barhih Cobos el Jue 15 Oct 2015, 20:16

Paula Barhih Cobos

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Re: Acantilados de Dover

Por aquellos tiempos buscar un lugar poco concurrido para relajarse era bastante pesado, sobre todo por tantos droides vigilando por doquier, tantos ejecutores y la Alianza por todas partes, aunque claro, él era algo especial, hacía tratos con gente que posiblemente fuera poco conocida pero de gran poder en el gobierno; tretas y pactos con magos que querían ver muertos a humanos y viceversa, todo el trabajo sucio para él, aunque claro no era el único que hacía ese tipo de trabajos, además, lo hacía por tradición y por una manera para sobrevivir y poder comer. −¿En qué estás pensando?− se escuchó entonces la voz de Apolyon dentro de su cabeza.
En nada en particular… solo, recordé a mi padre– le dijo con un tono algo melancólico. Pero Apolyon no respondió nada más, pues sabía lo que significaba recordar a ese hombre, y aquello era algo que no le gustaba nada, porque las emociones del mago se veían reflejadas en él también.
A veces pensaba que, si seguía sintiendo tanto y tan seguido, terminaría ablandándose y convirtiéndose en un humano, al fin y al cabo.

Las calles de Inglaterra eran algo frías por la tarde a pesar de estar en verano; Sebastian recorría las calles con las manos metidas en los bolsillos de su gabardina negra mientras que su golem Timcampy revoloteaba a su lado; concentrado en lo que buscaba y pensando en demasiadas cosas al mismo tiempo, tenía la cabeza cabizbaja, pero podía ver por dónde iba a la perfección.
En cuanto llegó a la estación de trenes Apolyon le dio el alto a Sebastian.
¿Qué crees que haces? − preguntó sin emoción el demonio.
Pues… tomar el…− pero Apolyon no lo dejó terminar de hablar, entonces Sebastian sintió como si le dieran una bofetada con guante blanco…
Lo olvidé…− dijo el albino mientras que se ponía una mano en la nuca, rascándose un poco y sonriendo como tonto – ¿Qué propones entonces? − preguntó a su demonio interno…
Mira a tu izquierda− le dijo entonces con un suspiro el demonio como si le señalara con la mirada el lugar.


Sebastian volteó a ver el final de la línea de su lado izquierdo y levantó una ceja − ¿Muy conveniente no? ¿Estás tomándome el pelo? – dijo, se notaba que no estaba de humor para soportar bromas de Apolyon, pero esta vez era algo que no se esperaba; había una moto al final de la línea a un lado de las vías.
Los dos se quedaron viendo fijamente el transporte metálico con dos ruedas por un momento largo que pareció ser un minuto entero. − ¿Sabes cómo montar eso? – preguntó Apolyon con tono divertido…

Unos instantes después con Timcampy revoloteándole encima estaba intentando prender aquella cosa, el sonido del motor se escuchó entonces y Sebastian compuso una sonrisa pícara, en cuanto se subió encima y giró la manija izquierda, la moto salió disparada hacia enfrente casi tirándolo del asiento −Creo que esto será más difícil de lo que pensé− dijo con mala cara, aunque unos momentos después, ya estaba aprendiendo como manejar aquella cosa, aceleraba y desaceleraba, solo había visto aquellos artefactos unas cuantas veces, pero lo único que sabía era que si mantenías presión contante en la manija, avanzaría, de modo qué, aprendiendo de sus recuerdos, comenzó a aumentar la velocidad y pronto estuvo muy emocionado siguiendo las vías del tren para poder avanzar.

No pasó mucho tiempo hasta que llegó al inicio del acantilado; había algo que no le gustaba de aquel lugar, ¿Por qué de todos los lugares debía ser una playa?
Por allí hay una casa− dijo Apolyon con aire picaro.
−No vine para saquear una casa Apolyon… ya fue suficiente con la moto− le dijo Sebastian casi reprendiéndolo y entonces pudo notar casi como un puchero de parte del demonio. Sebastian esbozó una sonrisa pícara.
Atrancó la moto cerca de la orilla del acantilado mientras que bajaba de su transporte y divisaba en el lado izquierdo un sendero que daba hacía la playa, desde allí la brisa de la puesta de sol era bastante refrescante, lo animaba bastante, tanto que pudo olvidar en lo que estuvo pensando en todo el día.

¿Ya estás más calmado? – le preguntó entonces con la voz suave el demonio, pues los dos ahora estaban en términos iguales, Sebastian suspiro y abrió los brazos a la nada.
Dios mío… eres tan infantil… − siguió entonces el demonio.
Sebastian sintió como Apolyon rodó los ojos, pero no le prestó mucha atención.
Muy bien, es hora de trabajar…− dijo Sebastian, y Apolyon asintió.
Timcampy seguía volando alrededor de él igual de animado mientras que comenzaba a bajar el acantilado para llegar a la playa, la noche ya se había puesto y la luna comenzaba a levantarse, ahora la única luz que había era del pedazo de queso en el cielo y su reflejo en la orilla de la playa; la brisa marina inundaba las fosas nasales del mago haciendo que se sintiese con más vida.

No pasó mucho rato hasta que encontró una pequeña choza pegada a las rocas del acantilado, “Eso no es muy práctico” pensó el demonio para Sebastian de forma divertida, “Piensa, que tal si la marea sube y la casa queda inundada” siguió bromeando Apolyon, pero el mago no puso más que contener una pequeña risita. Pero mientras más iba acercándose a la pequeña casa, más cambiaba semblante, al igual que sus emociones “Aquí es...” pensó para Apolyon, quien asintió en su mente.

Sebastian se paró frente a la puerta y toco tres veces con un ritmo lento, dejó pasar varios segundos, pero nadie atendió a la puerta, Sebastian suspiró, claramente algo se escuchaba adentro, de modo que simplemente dio un paso para atrás y pateo la puerta de madera para tirarla, todo estaba oscuro adentro y no se podía ver mucho más que una mesa del mismo material de la puerta y algunos cuencos de comida sobre este, dos en total. En cuanto Sebastian giró la cabeza a la derecha vio un destello blanco; una cuchilla venía directo hacía su cara, pero no pudo esquivarlo a tiempo, de modo que esta le rozó la mejilla sobre la cicatriz. Sin embargo, en cuanto vio pasar el brazo frente a su cara lo tomó fuertemente y lo giró de manera que quedara detrás del cuerpo de quien lo atacaba, un hombre al parecer. “¡Es un mago, la cuchilla está envenenada!” le gritó desde dentro Apolyon, a veces era muy conveniente tener al demonio de su lado.

Pero era muy tarde.

Su ojo izquierdo cambió de color entonces, la esclerótica se volvió negra y las rayas rojas aparecieron; con la mano del otro tras su espalda lo empujó hacia afuera de la casa mientras que le quitaba el cuchillo y lo empujaba hacia la arena de espaldas. El hombre se volvió de nuevo hacia Sebastian. − ¡Por favor deme un poco de tiempo más, prometo que pagaré por las armas! – rogó el hombre de rostro cansado, pero el mago lo miró con un rostro severo mientras que le daba vueltas al cuchillo que le había quitado.
No es mi decisión darte esa libertad…− le dijo entonces con voz ronca, pero el otro desvió la mirada de él y vio algo atrás del albino − ¡Cariño, vuelve a la cama, papi irá enseguida! – dijo con tono de desesperación mientras que miraba a su hija. Sebastian volteo para ver a la pequeña y se vio a el mismo parado en esa puerta…
Sebastian, no te ablandes ahora…” escuchó la voz de Apolyon dentro de él, haciendo que volviera a la realidad, “Tienes razón, no debo...” pensó entonces para su demonio; soltó el cuchillo, el cual se clavó a la arena, sentía aún como la sangre le corría por la mejilla y entonces miró de nuevo al hombre.
Lo siento, son solo negocios…− dijo entonces con voz calmada y ojos fríos mientras que abrió las manos frente al humano, la energía se concentró rápidamente en estas formando hilos finos, movió entonces su mano izquierda hacia arriba y la cabeza del hombre fue cortada, la sangre salió desparramada manchando la blanca arena y el bello paisaje de luna.

Entonces el albino se volvió hacia la niña y la miró con ternura, pues tenía los ojos abiertos de par en par con los ojos hinchados y lágrimas casi desbordándosele, tenía la boca abierta y no dejaba de respirar fuertemente – De verdad que lo siento− dijo mientras que volvía a levantar la mano derecha y la movía de izquierda hacía afuera, provocando que el hilo de energía de esa mano se estirara y pasara directo por su cuello, provocando el mismo efecto que con su padre, la sangre salió del pequeño cuerpo y se unió rápidamente a la de su padre – Pronto llegará al mar…− dijo el albino volteándose a ver el océano.

Mensaje por Sebastian Collins el Mar 28 Jun 2016, 06:54

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Re: Acantilados de Dover

La pequeña barcaza se desplazaba silenciosa y rápidamente, deslizándose sobra la superficie cristalina y oscura del agua, que solamente desprendía retazos de espuma plateada que reflejaban la luz de la luna de cuando en cuando, la cual bañaba con su suave resplandor los alrededores, no dejando ver más que el mar y a lo lejos, el reflejo pálido de las costas recortadas de los rocosos acantilados de Dover, que se alzaban cual imponente muralla.

Gabriel soltó la barandilla de la proa, a la que se había aferrado con las patas delanteras para observar el mar al tiempo que oteaba el horizonte y aspiraba la agradable brisa marina, que le traía recuerdos de sal, lluvia y tranquilidad; y aunque no le acabara de hacer gracia el hecho de encontrarse en un pequeño y viejo barco que amenazaba con quebrarse en caso de la más mínima sacudida, haciéndole caer a una, con toda seguridad, tumba submarina, sí que apreciaba la calma que aquel lugal le transmitía. Caminó por las tablas sueltas de la proa hasta encontrar un punto en el que los tornillos no parecían haber cedido y se recostó, encogiéndose en un ovillo, esperando pacientemente a que llegaran a la orilla.

El paso desde la frontera alemana hacia la francesa no había supuesto demasiada dificultad; con ayuda del grupo que lo había rescatado había conseguido colarlo en un camión de suministros que partía en dirección al devastado país galo. Incluso, cruzar Francia había sido hasta más sencillo; nunca había salido de Irlanda antes de todo lo sucedido, pero el haber llegado a un país del que apenas quedaban más que un montón de restos y escombros humeantes le había hecho incluso reconsiderarse la proposición de regresar a Alemania y quedarse ayudando al equipo que rehabilitaba a gente... En su misma situación.
Quizás, un años después, cuando regresara a su país no quedaran más que llanuras cubiertas de ceniza.

Sin embargo no retrocedió; pensaba regresar, lo tenía perfectamente claro. Tras cruzar el país siguiendo las antiguas autopistas, casi siempre solo, cubierto por viejas mantas para ocultarse e intentar pasar por un tullido o un discapacitado, y a duras penas con la ayuda de algún refugiado que seguía la misma ruta, había conseguido llegar hasta Calais. El estrecho de Calais parecía que seguía siendo el punto de principal interés para aquellos que, por alguna razón, querían regresar a Inglaterra directamente.
Había escuchado que en un día claro se podía llegar a observar el otro extremo del estrecho, pero aquel día distaba mucho de estar despejado, al menos durante la mañana al embarcar. Tras buscar en un improvisado puerto marítimo al contacto que le habían dado y que se encargaría de pasarlo a Inglaterra, había embarcado, mirando receloso hacia las grises nubes que se arremolinaban en la costa francesa.

Sólo conforme fue anocheciendo y la brisa marina fue haciéndose más presenta aquellas nubes de mal agüero fueron quedando atrás, dando paso a un cielo despejado donde solamente brillaba aquella media luna.

El crujido de la tierra cediendo bajo el casco del barco al encallar en la costa hizo que alzara la cabeza para observar los blancos riscos por encima de la baranda de proa. Se puso en pie, arañando con las zarpas la madera desvencijada, y con paso lento se dirigió hacia el lateral del barco justo en el momento en el que el capitán de la improvisada barcaza salía del puente; era un hombre viejo, de piel morena, arquetipo del rudo lobo de mar que apestaba a alcohol, haciendo que intentara o volver la cabeza en la misma dirección, disgustado por el fuerte olor. Pero aún así no dudaba de las buenas intenciones del marino.

-En seguidga bajo la escalegra.-

La quimera se limitó a palparse el cuello con una zarpa buscando el comunicador, y tras encenderlo presionando levemente sobre la pequeña carcasa adherida al pelaje tomó el pequeño chupón, parecido a un auricular que colgaba sobre su hombro para darle un lenguetazo y pegárselo en la frente.

-Iniciando sintonización automática. Frecuencia encontrada.-
-Iniciando protocolo VoIP-

La voz mecánica y femenina del sintetizador resonó levemente, dejando escapar un breve instante de ruido estático que le hizo aplastar las orejas contra el cráneo, molesto.

-No hace falta. Gracias.-
Tras dedicarle una leve inclinación de cabeza al marino, se relamió el hocico, sintiendo la lengua seca, se puso en pie sobre las patas traseras sujetándose en la baranda salpicada por el agua de mar, y tras comprobar que llevaba la mochila y el dispositivo con forma de platillo bien sujetos con las correas saltó por encima de la barandilla.


Se clavó en los guijarros húmedas con las cuatro patas como cuatro firmes listones se hunden en la tierra tierna de un campo arado, amortiguando la caída suavemente y agitando la cola para mantener el equilibrio y no caer sobre la fina capa de agua. Volvió a mirar hacia la proa, viendo la cabeza del lobo de mar desaparecer de regreso al puente, y tras zafarse comenzó a caminar hacia dentro de la orilla seca, levantando las garras y sacudiéndose la arena y las piedrecitas de las mismas al tiempo que abría y cerraba los espolones, como un puño que se intentara aferrar a algo de manera nerviosa.

*Hacía tanto que no veía una playa... No es tan malo como recordaba.*

Soltó un gruñido al tiempo que se sentaba sobre la orilla seca, observando el barco que encendía los motores y regresaba parsimoniosamente al mar. Lo observó durante unos minutos, respirando pesadamente, disfrutando de cada bocanada de brisa marina. Era cierto que hacía años desde la última vez que había visitado una playa, y aún así era muy pequeño como para recordarlo con un mínimo de detalle. Ladeó la cabeza, alzando una pata trasera para rascarse la nuca con cuidado de no arrancar el cable del comunicador ni salpicar de arena el equipo que llevaba encima; lo último que quería ahora era averiar nada de lo que llevaba encima, así que cuando se deshizo del picor que tenía detrás de uno de los cuernos se volvió a poner de pie. Necesitaba llegar o tierra adentro o avanzar paralelo a la costa para encontrar un sitio cercano donde poder descansar un poco. Quizás la segunda idea fuera la más lógica; observó la escarpada superficie del acantilado que brillaba con la tenue luz de la luna, y enseguida decidió que sería mejor buscar por allí antes de adentrarse más. Después de todo, estaban en Inglaterra, y por mucho que le pesara, era territorio enemigo.

Tras volverse a poner en pie se sacudió, mirando en qué dirección moverse; no era una costa demasiado grande, el acantilado describía una curva hacia dentro que le impedía ver ninguno de los extremos realmente, así que tras decidir un poco al azar, comenzó a caminar hacia la izquierda.

Caminaba con la cabeza gacha, el hocico pegado por instinto al suelo mientras se movía de manera ciertamente errática por la orilla. En otra ocasión habría puesto algo de música en el reproductor; estaba seguro con casi total certeza de que se encontraba solo al pie de aquellos riscos, pues ni el viento que soplaba desde el mar arrastraba ningún esencia en concreto ni era capaz de percibir ningún ruido que le alertara de vida inmediata. Pero sin embargo disfrutaba con el natural sonido de las olas. Siguió caminando, arrastrando la cola pesadamente por la orilla; de vez en cuando se acercaba más al agua sólo hasta el punto de que el agua rozara sus talones, otras se acercaba a la pared escarpada del acantilado para olfatear alguna roca mientras caminaba,  pero siempre adelante, rodeando la pared vertical.

Comenzó a sentir cómo los guijarros y la arena cedían gradualmente a su paso; a cada vez que clavaba los espolones, al levantarlos el agua ocupaba rápidamente el surco dejado. Gabriel giró el cuello, para observar el surco dejado por la cola, el cual describía caprichosas formas y se iba inundando lentamente, como un pequeño canal de agua; la marea subía. Debía seguir caminando.

Y de repente, la brisa le trajo una voz, los retazos de una súplica, lanzados al viento, lo suficientemente fuertes como para poder alcanzar a oirlos. Levantó las orejas, intentando alzar la cabeza todo lo posible, alertado por si realmente había algún peligro; incluso le había parecido entender alguna palabra. Pero sin embargo lo que le ponía nervioso no era lo que había oido decir; sino la manera de decirlo, el tono.

Inmediatamente volvió a agachar la vista, buscando nerviosamente en todas direcciones para ver si era capaz de ver algo; en muchas ocasiones le volvían loco los nuevos sentidos, y sin embargo intentaba controlarse. Dirigió su vista hacia los riscos, luego de nuevo adelante hacia la dirección en la que caminaba, e intentando caminar lo más pegado al suelo que pudo se movió rápidamente hacia el acantilado, pegándose a la pared de roca, ocultándose bajo la sombra que proyectaba mientras, paso a paso, volvía a caminar hacia delante.

El risco fue girando lentamente, cauto, hasta que fue capaz de distinguir algo en la lejanía. El acantilado se curvaba ligeramente hacia en interior, dejando una pequeña cala en la que recortaban unas pequeñas figuras de lo que parecía un edificio. La brisa volvió soplaba con más intensidad allí dentro, y junto al risco fue moviéndose sin despegarse de su cobertura, hasta que poco a poco, fue siendo capaz de distinguir otras figuras, más pequeñas, que parecían humanoides. Pegó el pecho al suelo, dejando descansar las garras a ambos lados del cuerpo y observó: Tres formas, difícilmente perceptibles bajo la penumbra nocturna. Una de ellas de pie, otra, de rodillas, y la última, que apenas había sido capaz de reconocer, tumbada en el suelo.
Y algo de aquella escena hizo que se le erizara el pelaje del cuello, al tiempo que algo en su subconsciente, algo que era incapaz de identificar, le decía que se largara del lugar, notando cómo su pulso se aceleraba. El comunicador emitió un chisporroteo electrónico en respuesta, a lo que se apresuró a apagarlo, arañandose ligeramente el cuello por la prisa.

*No me da buena espina, no, nope, ni de coña...-

Volvió a mirar hacia los lados; quizás aún podría regresar atrás, ir en dirección contraria, pero ello significaría desandar mucho camino. Tampoco podía pasar de largo y seguir por las sombras, pues chocaría contra a pared de la cabaña. De repente, una idea cruzó por su mente. Oculto en las sombras se descolgó la mochila, y revolviéndose en la arena se deshizo del dispositivo que colgaba al hombro, al igual que de la poca ropa que llevaba y del táser que llevaba atado al muslo posterior, cerrando la cremallera con la boca como pudo, solamente dejándose el comunicador enganchado al cuello.

Sujetó la mochila por el asa, ahora más pesada, usando los espolones de la cola, y tras inspirar profundamente se decidió a dar un paso fuera de dónde se ocultaba, saliendo a la luz de la luna dispuesto para pasar caminando por delante de la cabaña como si nada. Quizás fuera una estupidez, esperaba que simplemente lo consideraran una criatura mágica salvaje, que lo dejaran en pasar de largo en paz, o incluso mejor, que intentaran alejarse. Con la cabeza baja, se desplazó languidamente, dejando las fauces entreabiertas para respirar profundamente, al tiempo que se acercaba a las figuras.

Y entonces la brisa arreció, llegando con fuerza desde mar adentro, y le trajo olor a muerte, a cobre y a sal marina.

Mensaje por O'Shea el Mar 28 Jun 2016, 11:00

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Re: Acantilados de Dover

Sebastían dejó de acumular energía en las manos poro a poco y los hilos fueron aflojándose hasta volverse débiles y finalmente desaparecer, el mago suspiró al ver nuevamente el cuerpo del hombre decapitado en el piso y el de su hija en el mismo estado, llevaba ya bastante tiempo haciendo aquel trabajo, pero nunca… nunca había matado a un niño antes, nunca… − ¿Era necesario matar a la niña? — preguntó Apolyon con aire desinteresado mientras que Timcampy se posaba en el hombro de Sebastian.
Lo era, si, ¿Qué hubiera pasado si se quedaba sola en el mundo? — preguntó con cierto aire de irritación el muchacho.
Bueno, lo mismo que a ti…— respondió el demonio, pero Sebastian negó con la cabeza —Yo te tenía a ti, por eso pude seguir… además tenía 15 años…— dijo entonces mientras que seguía mirando el reflejo de la luna en el agua.

¿Sabes que estás subestimando a una niña, no? — dijo con tono agraciado Apolyon, pero Sebastian ya no volvía a contestar, porque sabía que en parte el demonio tenía razón, la chica pudo haber crecido fuerte, con odio, superándose a sí misma por la persona que mató a su padre y tal vez un día, vengarlo y matar al responsable de su muerte, pero decidió no correr ese riesgo. — ¿Oye… es miedo esto que estoy sintiendo? —preguntó el demonio con un aire casi de risa, pero ese aire se convirtió en una carcajada algo molesta que casi le aturde los pensamientos al mago.

Siguió sin responder nada, sabía perfectamente lo que había hecho, había seguido sus órdenes a la perfección, no dejar ningún rastro de aquel hombre y de todos los que lo rodearan —Mira que el tipo fue exigente…— dijo Sebastian sin referirse a alguien especifico, pero Apolyon pudo intuir a que se refería.
No te quejes, aceptaste el trabajo y ahora debes solo ir y recibir la paga... — dijo entonces casi dándole otra cachetada de guante blanco — ¿Y si le llevamos las cabezas? — dijo el demonio cambiando de tema mientras que se reía a carcajadas de su chiste malo. Pero entonces algo lo paró de seguir balbuceando.

¿Qué pasa, Apolyon? — preguntó entonces el mago algo extrañado, ya que siempre que el otro comenzaba a hablar, no se le paraba con nada, no podías hacer que dejara los chistes malos o los comentarios fuera de lugar, aunque para Sebastian; que tenía mal sentido del humor, era reconfortante tener con quien hablar de a ratos y alguien que le diera consejos, no tan buenos, pero consejos —Nada, es solo que no escuché el sonido del barco que acaba de dejar la playa hace un rato — dijo este con tono despreocupado y Sebastian rodó los ojos — Tú no tienes remedio…— le dijo algo con un suspiro de exasperación —Oye…pero ya es demasiado tarde, no te diré que mires a la izquierda… pero…— en ese mismo momento el mago estuvo a punto de hacer un facepalm, cuando escuchó el pitido de algo mecánico, sea lo que fuere; ya lo había visto.

Es bastante curioso este ser... vi a bastantes hace algunos años… sin embargo jamás han sido una población muy amplia” dijo Apolyon para Sebastian quien ahora tendría que dejar de hablar en voz alta “¿De qué me estás hablando?” preguntó confundido el albino “Quimeras… este es una mezcla de un gato… con… amm… tiene cuernos”, concluyó entonces el demonio para su recipiente, quien había enarcado una ceja; su padre ya le había hablado de esa raza antes, sin embargo, solo los había visto una vez, solo que aquel era una mezcla entre un león, una serpiente y una mujer; exacto una combinación rara, solo de pensarlo a Sebastian se le revolvía el estómago y le daban escalofríos.

Sin embargo, lo siguiente que hizo lo tomó desprevenido; la criatura salió a la luz de la noche, de reojo pudo ver que su pelaje era de color miel, cuatro patas y un andar gatuno bastante peculiar, incluso tenía cola. Inmediatamente lo invadió una ternura irremediable, tanto fue así, que le dieron ganas de girarse para verlo y correr hacía él para abrazarlo, pero se contuvo, tenía que mostrar un poco de respeto. “No, de verdad…. Eres bastante infantil” le comentó Apolyon conteniendo una risita “Déjame ¿quieres? ” le protestó el albino en su mente.
Ohoho… es bastante valiente este gatito…” inquirió Apolyon que parecía observar la escena cruzado de brazos y piernas muy elegantemente, como esperando a que sucediera algo, pero Sebastian no le contesto, estaba demasiado concentrado pensando en que hacer en ese preciso momento, seguramente tendría un aspecto horrible aunque solo tenía las manos manchadas de sangre y algunas (muchas) manchas de lo mismo en su gabardina, odiaba cuando pasaba eso, era seguro entonces que tendría que lavarla en algún momento.

Pero se aventuró a hablar, aunque no sabía si el otro lo entendería o si le hablaría.
Buenas noches…— dijo el mago, mientras que se giraba para verlo de frente.
Lo observó bien atento, llevaba cosas electrónicas “Entonces el pitido aquel era de él” dedujo el albino hacía Apolyon, quien asintió ansioso.

Mensaje por Sebastian Collins el Mar 28 Jun 2016, 17:24

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Re: Acantilados de Dover

*Eres un animal, eres un animal, yyyy solo estás marcando territorio... Déjate llevar....*

Se acercó a las figuras, desplazándose lentamente al tiempo que agachaba la vista. Estaba seguro de que el olor que le había llegado era a sangre, y por instinto no pudo evitar sacudir el pelaje sobre los hombros, erizado, entrando en estado de alerta y preparándose por si necesitaba salir corriendo en cualquier momento. Bajo el tenue brillo del lugar comenzó a vislumbrar más fácilmente a lo que se aproximaba; tres personas, una de ellas de rodillas, otra, en pie, y la última, la que por el tamaño habría jurado que era un niño pequeño, tumbado en el suelo. Un escalofrío le recorrió la nuca y le bajó por la espina dorsal haciendo que tensara todos los músculos al tiempo al ir vislumbrando más detalles de la que se antojaba una macabra escena; algo no cuadraba...
Tanto el adulto como el pequeño que se encontraba tirado en el suelo estaban decapitados, y la sangre encharcaba los guijarros de la playa bajo los cuerpos.

*Oh, joder, joder, joder... Mantén la calma, solo... No lamas la sangre, no lo hagas... Joder...*
Aquello debería haberle revuelto el estómago, sentía como si debiera haberse sentido asqueado por lo dantesco de aquello, y sin embargo, se encontró dirigiendo su mirada de manera ansiosa hacia los charcos oscuros y espesos en el suelo, paseando la vista hasta las heridas aún frescas de las que brotaban y donde deberían haber estado los rostros de sus antiguos dueños.
Miró de reojo al único que permanecía en pie al escucharle saludar, intentando no mirarle a los ojos directamente y parecer lo más natural posible mientras se acercaba a los cuerpos aún sin saber si lo hacía por curiosidad o impulso ante la muerte reciente, alzó la mochila en peso para evitar que se manchara y olfateó la espalda del cuerpo mayor, el que había caído de rodillas. Aún notaba la calidez, el sudor, como si siguiera vivo, pero la ausencia del latido de corazón alguno era un contraste devastador.

*Por todos los...*
Dejó escapar un silbido, suave, resoplando a través de las fosas nasales para deshacerse del hedor, con la vista cabizbaja se giró, viendo el rostro vuelto de la cabeza que había caído junto al cuerpo, los ojos brillantes e inertes, y seguidamente el cuerpo más pequeño.

Una niña pequeña.

Se le encogió el corazón, agachando las orejas contra el cráneo al tiempo que ignoraba al que todavía permanecía vivo, no a posta, sino porque aquello ejercía tal atracción sobre sus sentidos que no podía hacer más que actuar por inercia, absorto. Se acercó a la pequeña, rozando uno de los pies descalzos con el hocico. Suspiró pesadamente; aún era capaz de sentir el terror que debía de haber pasado.

Y alzó la vista, esta vez, para observar al extraño superviviente, relajando los hombros. De repente se sentía frío. Observó al que parecía un joven, quizás algo mayor de lo que él se recordaba a sí mismo cuando aún era humano, y ladeó la cabeza observando la pálida piel y tez manchada de sangre; era extraño, no se parecía en nada a los otros dos. Una leve chispa de lucidez le dijo que aquello era sospechoso, pero se limitó a clavar los espolones en la arena y sentarse en un hueco limpio de sangre, observando en silencio con consternación al desconocido, intentando comprobar si estaba herido o si salía del shock en el que parecía estar sumido mientras seguía respirando con pesadez, afectado.

Mensaje por O'Shea el Miér 29 Jun 2016, 00:20

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Re: Acantilados de Dover

Su ojo había regresado a la normalidad, tomando el tono grisáceo de siempre. Ahora se sentía más tranquilo; siempre había una parte de él que se liberaba al cumplir con su trabajo, como si asesinar personas por dinero fuera para lo que estaba hecho, de modo que compuso una sonrisa al saludar a su nuevo visitante, espectador de trabajo, recién llegado. No le molestó para nada como estuvo oliendo los cuerpos y pasando frente a uno y a otro. Además, aquel tenía una cuartada perfecta, posiblemente estaba pensando en que Sebastian tenía el beneficio de la duda, y así poder hacerse pasar por un animal cualquiera; al mago no le importó entonces que el otro no contestara.
Este tipo no es un animal cualquiera, si no, fíjate en todos los disparates que lleva puestos…” dijo Apolyon aún cruzado de brazos y comenzando a exasperarse “Bueno bueno, si no quiere revelar su identidad será por algo” le replicó en su mente al demonio. Sebastian entonces observó como a aquella criatura se le comenzaba a entrecortar la respiración, y se exaltaba de vez en cuando, no cabía duda que de verdad le estaba afectando todo aquello, aunque, por el contrario, el mago se sentía bastante pleno. En cuanto lo vio sentarse en alguna parte de la arena seca y limpia mientras que lo observaba, el alvino simplemente le dedicó una sonrisa boba y luego le habló de nuevo.

Con todos esos artefactos no te haces pasar por un animal normal…− comenzó de nuevo con la sonrisa todavía en el rostro. −Ya sé qué es lo que eres… puedes estar tranquilo.
Terminó diciéndole para que se sintiera “más seguro”, aunque con lo que acababa de presenciar no creía de verdad que fuera a revelarle quien era, y mientras no se lo pidiera, el alvino no revelaría su nombre tampoco. “Bueno, ya que no habrá mucho de parte del gatito, terminemos el trabajo, Apolyon” pensó para él demonio, quien simplemente respondió con un “si”.
Sebastian se volvió hacia la casa entonces mientras que se quitaba la gabardina sin dejar de observar la vieja choza, con cuidado fue hasta una roca cercana y la colocó allí doblada, después de eso, se subió las mangas de la camisa blanca dejando al descubierto su brazo negro. Inmediatamente de esto, volvió a colocarse delante de la casa mientras que extendía sus manos frente a la casa.
Ah, pero antes…” pensó para sí mismo. −Te recomendaría que te alejaras un poco de la casa, pueden saltar algunos pedazos de madera y eso, tu sabes…− le dijo, y sin esperar una posible respuesta comenzó a acumular energía en sus manos para formar los hilos.
¿Qué vas a hacer ahora? ¿destruirás la casa? ” preguntó Apolyon algo sorprndido, pues pensaba que el trabajo ya estaba hecho “Si, es parte de la intención” le contestó el otro en su mente. “Oh ya veo lo que quieres hacer… ¿Por qué no mejor los arrojamos al agua? ” insistió el demonio, pero el mago solo puso el semblante serio, lo empezaba a carcomer por alguna razón la culpa, aquella niña, no merecía morir.
¿Qué es esto?, arrepentimiento…” dijo el otro, con tono decepcionado “Eres tan blando” siguió hablando Apolyon, pero Sebastian no le respondió.

Con la energía acumulada y los hilos en su máxima potencia cruzó los brazos hacía arriba, con este movimiento, causó que los hilos se enredaran por tola la casa; enseguida de esto, bajó los brazos de forma casi vertical hacía sus respectivos lados de las exptremidades, posteriormente, como si jalara algo, se estiro hacía atrás volviendo a juntar los dos brazos estirados frente a su torso y la casa calló en pedazos “Te tomas demasiadas molestias, Sebastian” le dijo Apolyon quien no aprobaba la posición que estaba tomando en ese momento, pero el alvino solo pudo componer una sonrisa melancólica −Es lo menos que puedo hacer…− dijo por lo bajo para Apolyon.

Después de eso se volvió hacía el primer cuerpo que vio, era el de la niña; la cabeza apenas estaba a unos centímetros de su torso los dos aún desparramaban sangre caliente mientras que los cuerpos perdían sus últimos grados de calor. La expresión en el rostro sin cuerpo era simplemente aterradora y desagradable, habían emociones mezcladas en ella, miedo, horror, tristeza, conmoción, no sabía ni explicar lo que estaba viendo en el rostro frio de aquella niña; tomó la cabeza con las dos manos y caminó hasta el cuerpo del padre, una vez allí, puso la cabeza en la arena y recostó el cuerpo del padre, luego de esto fue directo hacía donde estaba el pequeño cuerpo, lo tomó entre brazos e hizo lo mismo que había hecho con la cabeza.
Disculpa…− dijo entonces refiriéndose a la… él Quimera − ¿Podrías ayudarme a que el agua no se lleve los cuerpos por favor? Debo ir a por algo arriba del acantilado− le dijo, pidiéndole, aunque seguramente no obtendría respuesta a cambio-
No deberías confiar en esa cosa… leyendo sus emociones te puedo decir ahora mismo que está bastante asustado…” le dijo Apolyon, su poder de la añoranza le permitía saber los deseos y emociones de los mortales; a veces era bastante enfermo hacer aquellas cosas, sobre todo porque a Sebastian le parecía irrespetuoso invadir en los sentimientos de alguien más.

Mensaje por Sebastian Collins el Miér 29 Jun 2016, 07:21

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Re: Acantilados de Dover

Giró la cabeza al escuchar de nuevo al extraño referirse a él; tenía que haber dejado escondida la mochila y haberse deshecho del comunicador, y gruñó por lo bajo mal diciendo el no haber estado más atento. Se removió en el sitio, incómodo, sin coartada y sin saber como reaccionar, mientras la vocecita que le imploraba que se alejara de aquello seguía taladrandole el subconsciente El viento que venía desde el mar se le hacía frío,pero no tanto como la manera de actuar de aquel que le pedía que estuviera tranquilo. En aquel momento, y teniendo en cuenta lo que veía y lo que sentía, la sospecha de que aquel tío tan extraño estuviera herido o fuera una víctima más se iba esfumando.

*Tranquilo...¿Esta de broma verdad?*

Se limitó a quedarse congelado en el sitio, observando atentamente cada leve movimiento, hasta el más mínimo detalle del extraño. Arrastró la mochila con la cola detrás suya, intentando que no lo viera, sin responder ni decir nada. Y justo en el momento en el que se dio la vuelta para volverse hacia la cabaña que quedaba pegada a la pared del acantilado se puse en pie, impulsándose como un resorte; deslizó una zarpa por su cuello buscando el botón del comunicador. Un nuevo chasquido mecánico le confirmó que se había encendido, y volvió a arrastrar la mochila para colocarla entre las zarpas delanteras.

-Inicializando sintonización automá...-

Alarmado apretó la cabeza contra el hombro, ahogando el molesto sonido de confirmación del sintetizador entre los pliegues de piel del cuello.

*¡Calla calla calla!*
Miró de reojo al desconocido, que se había deshecho de la gabardina empapada en sangre que llevaba y la había dejado sobre una roca para cerciorarse de que no le había escuchado,  para inmediatamente regresar a la mochila que tenía entre las patas y abrir la cremallera apresuradamente, tirando con los dientes del improvisado agarre para la cremallera que había ingeniado con un mango de bicicleta. Sacó el ordenador con forma de platillo y se lo colocó sobre el hombro, tirando de las cinchas para apretarlo con fuerza,  para luego sacar el taser, darle un golpe para pasárselo por debajo y atraparlo con la cola. En ese instante alzó la mirada ante el estrepitoso crujido de las maderas rompiéndose, y levantando las orejas vio la caseta desplomarse frente al desconocido; abrió los ojos como platos, entre abriendo las fauces,  y al punto agachó la cabeza para pasarla por el asa de la mochila y colgársela a la espalda, aún entreabierta. No le importaba perder la ropa,  pocas cosas de valor llevaba dentro que le surgieran más prisa, y de todas formas estaba seguro que no se le caerían.

Terminó justo cuando el extraño se daba la vuelta para regresar junto a los cuerpos, retrocediendo un par de pasos con la cabeza y la cola gachas, intentando ocultar el taser; su único deseo era no tener que estrenar el arma tan pronto. Se apartó del mago, ahora empezaba tenerlo más claro después de ver cómo había demolido la cabaña con un par de movimientos de manos, caminando de espaldas para no perderlo de vista. Observó cómo recogía y recostaba los cuerpos, y un ardor en el pecho hizo que se acercara al extraño temerosamente.
Entonces volvió a escucharle hablar, de nuevo con tranquilidad, pidiéndole ayuda sin afectación aparente, y como la gota que colma el vaso Gabriel arrugó el hocico. No había que ser estúpido para a esas alturas darse cuenta de que aquel mago no era una víctima, sino seguramente el culpable.
-Atrás. -
La voz mecánica del comunicador resonó con contundencia al tiempo que dejaba escapar un hosco gruñido de advertencia.  ¿En serio le pedia ayuda para que no se los llevara el agua? ¿Era eso lo que más le importaba?
-Atrás.-
Volvió a gruñir, acercándose a los cuerpos,  agitando los hombros para parecer más grande de lo que era, y enarbolando la punta de los cuernos al tiempo que agachaba la cabeza avanzó sobre los cadáveres de la pequeña y el adulto, con cuidado de no pisarlos , intentando hacer retroceder al desconocido.
-No vuelvas a tocar. Negativo. -
Contuvo un profundo rugido, resoplando por las fosas nasales y clavando los espolones con fuerza en la grava manchada por la sangre.
-¿Culpa tuya? No ayudo. Atrás. Ve al acantilado. No vuelvas a tocar. -
Soltó el taser, que cayó sobre la arena, y alzando la cola como un insecto enfurecido chasqueó los espolones amenazadora mente antes de volver a sentarse, esta vez situado entre el desconocido y los fallecidos, y como haciendo énfasis en sus intenciones el dispositivo que llevaba colgado al hombro se iluminó, mostrando el holograma de un candado cerrado que resplandecía, distinguible claramente en la noche.
-No ayudo. Tarado. Busca tus cosas. Yo protejo. -
Sacudió la cabeza con fuerza antes de relamerse el hocico, intentando calmarse y concentrarse en formar una frase más compleja.
-Ve. Yo espero aquí. Pero no les toques. No quiero problemas.-

Mensaje por O'Shea el Miér 29 Jun 2016, 16:50

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Re: Acantilados de Dover

El alvino esbozó una sonrisa a la mínima señal de que el otro lo entendía y que le arrugara el hocico era la mejor de todas, significaba que no le gustaba lo que estaba haciendo y que por lo menos pronto le dirigiría la palabra, aunque francamente si no lo hacía le daba exactamente lo mismo, él simplemente haría lo que tenía que hacer y listo, no importaba si el otro se dignaba a ayudar o no, y tampoco es que estuviera obligado a hacerlo. “Valla parece que al final si puede hablar” refunfuñó Apolyon, quien había estado atento a todo lo que hacía el gatito, de hecho, antes había visto de reojo como agarraba algo con su cola, una especie de pistola algo rara que jamás había visto, y, sin embargo, cuando terminó de juntar los cuerpos el otro comenzó a acercársele.

Está bien, está bien…− dijo entonces Sebastian mientras que levantaba las manos con la palma abierta, dejaba de estar en cuclillas y ponía una sonrisa en sus labios, pero solo eso ya que sus ojos eran como unos témpanos de hielo acompañados por la fría brisa marina que le revolvía el pelo de vez en cuando poniéndolo sobre su rostro.
¿Qué haremos entonces?, debo moverlos si quiero darles un entierro…− dijo con falsa pena el mago “Oye, de donde salió esa hipocresía… hace mucho que no te veía así” le comentó Apolyon, pero Sebastian permaneció callado, su humor había cambiado ahora drásticamente “Esto no lo habías hecho antes…” le dijo con tono serio Apolyon, pero el mago siguió sin contestar.
Sí, es mi culpa… yo los maté…− le dijo entonces al Quimera sonriendo fríamente luego de ver como se le caía la pistola, pero en cuanto le dijo que se fuera al acantilado no dijo nada más; se dio media vuelta y se fue por donde mismo llegó “Me da igual si él lo sabe o no, y si me causa problemas tendré que matarlo” le dijo después de encontrar el camino de subida a Apolyon, quien sola mente resoplo ya que aquella era una decisión suya.

Mientras que subía el acantilado pensaba en lo que había hecho, especialmente en aquel asesinato injusto. Estaba revolviéndose por dentro, tanto que un nudo se le estaba formando en la garganta, él no había tenido ningún derecho a matarla y sin embargo lo hizo; por miedo o tal vez por pena y lastima, si la dejaba viva posiblemente morirá de hambre, si no salía de aquella casa o simplemente se ahogaba por la marea antes de que pasara algo más igualmente moriría, y en caso de que hubiera sobrevivido; posiblemente hubiera tenido una infancia muy dura.

Fuera como fuese, dejo de pensar en ello cuando llegó a la cima del acantilado, miro hacia los lados hasta que vio en donde había dejado la moto “Bueno, ahora sé que planeas quemar los cuerpos… ¿Cómo harás con el quimera?” comenzó a decir Apolyon una vez que Sebastian hubo agarrado el medio de transporte y comenzaba a bajar el camino que conducía a la playa; “Todo depende de él” dijo en su mente con un aire calmado y frio, la cabeza se le había refrescado algo al subir el acantilado y ya no pensaba más en la niña, sin embargo, aquello ahora le estaba resultado una patada en las bolas, sinceramente solo quería terminar con aquello, para empezar; porque no había sido un día muy productivo ni feliz, aunque debía mantenerle la sonrisa a la quimera.
Tomó la moto, le quitó el seguro y la hizo rodar hasta la entrada del camino hacia la playa.

Regresó rápido a la arena y puso la moto a un lado de los escombros que había dejado.
Observó por unos segundos al gato, luego de eso se volvió para sacar el tanque de gasolina de la moto, pues para su suerte, era un modelo bastante antiguo en el cual podías abrir el tanque y sacar el recipiente “Esto es bastante antiguo, no sé cómo todavía funciona” dijo Apolyon para el mago que solo se encogió de hombros mientras que terminaba de sacar el recipiente.
Necesito sacar un leño ardiendo de los escombros ¿me ayudarías?, antes vi que la casa tenía una chimenea…− comentó Sebastian hacia el gato, −Supongo que ya sabes qué es lo que pretendo− le dijo rascándose la nuca con una sonrisa algo tonta, pero fría como un hielo, ni siquiera él sabía por qué estaba siendo así y mucho menos Apolyon que por lo general lo veía calmado.
Mientras, yo iré acomodando los leños y luego los cuerpos… claro, no estás obligado a hacerlo… pero si estás parado aquí por lo menos podrías… no sé, hacer algo− siguió diciendo, no dudaba que no lo ayudara, después de todo, le había dicho que no quería problemas.

Mensaje por Sebastian Collins el Jue 30 Jun 2016, 05:48

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Re: Acantilados de Dover

Mientras observaba cómo el desconocido se daba la vuelta para regresar al acantilado Gabriel espetó un hosco gorgeo, satisfecho en parte por haber logrado hacer retroceder al mago; sin embargo, por mucho que lo intentara no era capaz de calmarse más, aún peor tras haberle escuchado confirmar sus sospechas de que había sido el culpable de aquella barbarie. Se sorprendió a sí mismo abriendo las fauces para coger aire, jadeando como un animal pero sintiendo cómo las bocanadas de aire fresco y limpio le hacían sentirse algo mejor. Y una vez el mago desapareció de su vista, volvió a relamerse el hocico y se puso en pie lentamente.

Chasqueando la cola, nervioso, se giró hacia los cuerpos; su arma había caído sobre la grava limpia, así que la recogió cuidadosamente y se lo enganchó a la mochila, dejando la empuñadura del táser al alcance de una zarpa por si necesitaba volver a cogerlo. Luego volvió a examinar los cuerpos, primero con la mirada; parecía que habían dejado de derramar sangre, como cascarones finalmente vacíos, y el brillo del líquido tierno dejaba paso al aterciopelado color coagulado, más oscuro y menos perceptible en la penumbra. Después, acercándose otra vez, de nuevo empleando el resto de sentidos. Ya se habían enfriado, y el resultado era ahora aún más antinatural que ántes cuando solamente carecían de pulso y no de la calidez de la vida.

El albino había dejado los cuerpos recostados antes de que la quimera se hubiera interpuesto entre ellos; las cabezas decapitadas estaban junto a sus respectivos dueños, aún reflejando los últimos sentimientos de aquellos seres humanos. A Gabriel le había parecido irrespetuoso que el mismo culpable de aquello quisiera enterrarlos, que los moviera y los tocara sin impunidad alguna; aquello ni siquiera sería necesario de no haber sido por la culpa del mago, así que en parte sentía que era responsabilidad suya velar los cuerpos. Aún cuando sus sentidos negaran cualquier otra reacción ante la muerte que no fuera alejarse del potencial peligro o sucumbir ante la carroñería.

Con el máximo cuidado posible movió ligeramente las cabezas para corregir levemente la postura en la que el desconocido los había dejado intentando hacer coincidir las cabezas con su posición natural, tras lo cual abrió la palma de la zarpa derecha para cubrir las caras de los fallecidos y deslizar los párpados, cerrándoles los ojos; nunca había sido religioso ni creído en nada que tuviera que ver con ninguna clase de deidad, pero sí creía que aquello sería lo más lógico para que ocurriera lo que ocurriera, descansaran. Y aún así, durante unos segundos, cerró los ojos e inclinó la cabeza hacia delante, como realizando una petición.
A pesar de todo lo sucedido durante los meses anteriores sentía que no había tenido tiempo para darse cuenta de lo que realmente había ido ocurriendo a su alrededor. De lo que le había ocurrido a él mismo, de lo que le habían hecho. Y de lo que él le había hecho a otras personas, impulsado por sus instintos más primarios, el hambre, la supervivencia. Pero apenas recordaba esos momentos. Únicamente tenía la esperanza de no haber cometido nunca algo como aquello, aunque era consciente de que quizas, y se intentaba engañar repitiéndose a sí mismo que solamente quizás lo hubiera hecho, dañar a alguien que no lo merecía, pues le costaba entender qué razones podían llevar a acabar con la vida de un padre y su hija.

Abrió los ojos al oir el crujido de la arena y se dio la vuelta, justo a tiempo de ver cómo el otro regresaba por el camino que descendía desde los acantilados a la playa.

Cuando el extraño se acercó, consiguió vislumbrar que lo que empujaba era una antigua y pesada motocicleta, una antiguaya desde luego, seguramente de antes de la guerra; aunque viejas había visto muchas, pues no eran muy difíciles de mantener y fáciles de manejar así como realmente útiles. Por un momento recordó que de pequeño había deseado aprender a montar una, pero ahora se le antojaba algo estúpido e imposible. Esperó a que el mago acabara de manipular algo del vehículo, y cuando lo escuchó hablar ladeó la cabeza, como si así pudiera entenderlo mejor al tiempo que el otro hablaba.
-Sí. Lo se. Quieres incinerar.-
Respondió quedamente, la voz del comunicador sonando en consonancia a las palabras en las que se concentraba.
-Afirmativo. Buscaré fuego. Pero no los toques.-

Se acercó al extraño, pasando junto a él mientras se dirigía hacia los escombros de la casucha, y se tuvo que controlar para pasar casi rozándole con los cuernos, los hombros erguidos e intentando parecer dominante, aunque le costara no sentirse amenazado por la presencia del otro.
-Repito. Solo los leños, ya coloqué cuerpos. No te estoy ayudando.-
Pasó de largo al desconocido, y al acercarse a los escombros de la casa saltó ágilmente sobre los primeros tablones caídos, introduciéndose en la pila de deshechos dispuesto a buscar la chimenea para encontrar los leños en llamas que necesitaban.

Aguzando el olfato y teniendo cuidado con pisar algo roto que pudiera lastimarle avanzó sobre los escombros olfateando. Vio que entre todos los restos de madera apenas había otros objetos; encontró sábanas, algo que parecía un jergón de plumas ajado, algún resto de cerámica. Le llegó el olor ligeramente ahumado de la madera chamuscada, y dando pequeños saltos se movió, apartando más y más restos hasta encontrar lo que parecían los deshechos de una cocina. Entre los restos de tablones de la pared de madera junto a la que debía de haber estado pegada, encontró cristales rotos, pequeños, como de vasos, así como una sartén abollada, aunque era difícil discernir si el destrozo había sido antes o después de que el mago demoliera la cabaña. Y apenas tuvo que buscar más para encontrar trozos de ladrillos destrozados que indicaban la existencia de una antigua chimenea. Usando las zarpas delanteras para escarbar apartó los escombros hasta alcanzar el hogar donde aún ardían algunos tizones, chamuscando los tablones que habían caído encima. Con cuidado, Gabriel recogió un tablón y agitó los tizones hasta conseguir que la punta se ennegreciera; entonces agitó el tablón en el aire, y la brisa marina hizo el resto, enrojeciendo las ascuas candentes que brillaron en la noche. No eran llamas, pero servirían para prender un fuego.

Sujetando el tablón maniobró para salir de entre los escombros y regresar junto al mago y los cuerpos, limitándose a arrojar el tablón a sus pies al llegar al lado, lo suficiente lejos de los cuerpos como para no causar ningún accidente pero cerca como para no tener que darle en mano el tablón al mago. Simplemente volvió a sentarse, observando fijamente al extraño.
-Hecho... ¿Arrepentido?-

Mensaje por O'Shea el Vie 01 Jul 2016, 02:49

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Re: Acantilados de Dover

Sebastian solamente asintió cuando el otro le dijo lo que pretendía “Perfecto, lo has pillado” pensó, pero siguió en silencio, buscando una forma de incinerar los cuerpos de manera efectiva, ya que si al final no podía tendía que atar lo que quedara a una roca y lanzarlo al mar, cosa que no quería que pasara del todo, pero si no quedaba más remedio no habría otra opción.
Después de escuchar que si aceptaría ayudarlo a buscar algo de fuego suspiró lentamente “Bueno, debemos aceptar que el muchacho es cooperativo” dijo Apolyon por lo bajo, quien ahora parecía estar más aburrido que antes, la situación se había convertido en algo tediosa para todos, aunque ciertamente le resultaba útil que lo ayudara, así terminaría más rápido y podría salir de aquel acantilado cuanto antes.

Sebastian se puso de pie entonces y al igual que el otro comenzó a buscar leños que sirvieran para crear una fogata; tomó palos de entre los escombros y los apiló a un lado de la casa hasta formar una gran pila, ahí fue cuando el otro llegó con el trozo de carbón, tirándolo a sus pies −Gracias…− le dijo mirándolo fijamente algo consternado por la pregunta que había hecho “Él si da donde duele ¿no?” le dijo entonces el demonio, como si supiera que aquella era la pregunta que rondaba en su mente desde hacía ya buen rato, pero simplemente bajó la mirada mientras que recogía el leño ahumado, no contestó entonces la pregunta, pues sabía que si lo estaba, pero no del todo.

Tomo entonces rápidamente el envase donde estaba la gasolina de la motocicleta y al mismo tiempo que sujetaba el palo con algunos de sus dedos; con los otros abrió la tapa del recipiente y lo vertió todo rociándolo sobre la madera que había apilada, dejó el pequeño trozo aun lado en la arena hacia donde estaba la quimera y lo miro de nuevo −Son gajes del oficio, lo hago todos los días… aunque la niña; simplemente no se merecía lo que le hice…− le dijo entonces mientras que esbozaba una sonrisa algo extraña, como una mezcla entre melancolía y arrepentimiento.
Pero ya era demasiado tarde para arrepentirse de aquello, aunque fuera su culpa −No sirve de nada llorar sobre leche derramada− dijo entonces nuevamente mientras que tomaba el cuerpo del pesado hombre en brazos como podía y lo cargaba nuevamente hasta la hoguera para ponerlo sobre la pila de manera gentil, aunque lo anterior dicho no era del todo su caso, pues aquellas personas no habían sido nada de él anteriormente.

Repitió el proceso con la niña y las cabezas, tratándolas gentilmente como si a quien estuviera moviendo fuera su propio padre; finalmente y después de terminar de colocar la última cabeza se dirigió a la Quimera con una mirada que ciertamente expresaba melancolía: −Muchas gracias por ayuda− le dijo.
Al final no podía olvidarse de la compasión que tenía, aunque aquella había estado escasa al momento de hacer su trabajo. Cogió entonces el palo humeante del piso, ya estaba apagándose un poco pero aun así, después de soplarle unas cuantas veces pudo volver a avivarlo y sin mayor vacilación, lo tiró a la hoguera junto con los cuerpos, pasados unos segundos, toda la madera ardió.

Sebastian agachó la cabeza y cerró los ojos como implorando que pasaran a una mejor vida “¡Idiota levanta la cabeza!, me avergüenzas” le gritó desde dentro Apolyon, algo cabreado, pero no lo suficiente como siempre había sido “Bueno bueno, llegado acá, el trabajo ha terminado” le dijo entonces el mago, aunque entonces sintió como si el demonio moviera la cabeza en negación “De hecho, se terminó en cuanto la sangre de los dos corrió”. Pero Sebastian no respondió a eso, simplemente se alejó un poco de la hoguera, que comenzaba a quemar la ropa y la carne de la familia aquella, pronto el aire se impregnaría con un fuerte olor a pimienta…

El alvino entonces se dirigió hacia la quimera –Mi nombre es Sebastian…– le dijo con una sonrisa que, aunque no parecía tener intenciones negras, se veía fría, mala expresión en mal momento tal vez…

Off:
Perdona la tardanza, este fin de semana no tuve luz por qeu ha estado lloviendo un montón y apenas pude contestar xD de verdad siento la demora xD

Mensaje por Sebastian Collins el Mar 05 Jul 2016, 00:01

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Re: Acantilados de Dover

Sintió una breve sensación de satisfacción al observar el rostro desencajado del mago tras escuchar la puya en forma de breve cuestión que le había espetado. Se mordió el labio inferior mientras escuchaba a su acompañante desenroscar el depósito de combustible que había extraído de la moto e impregnada de gasoil la improvisada pira funeraria, asomando levemente los colmillos aunque sin ninguna intención agresiva; simplemente era una pequeña manía que tenía cuando se encontraba intranquilo.
Ladeó la cabeza al escuchar de nuevo al albino dirigirse a él, oyéndole referirse a "gajes del oficio".

*Genial, regreso y lo primero con lo que me topo es un... Asesino a sueldo...*
Inspiró profundamente, sintiendo el arrepentimiento en las palabras del extraño; pero aún así le parecía lo justo. La guerra había pasado factura a mucha gente inocente, muchas de ellas a manos de otras personas que se podrían considerar víctimas de las circunstancias... Quizás aquel mago fuera eso mismo, víctima de unas circunstancias adversas, que le habían empujado a cometer errores. Eso podía llegar a entenderlo, por haberlo vivido en sus propias carnes, pero no le exigía de culpa; a ninguno de ellos.
Ensimismado en sus pensamientos apenas se percató de que el extraño se acercaba a los cuerpos y comenzaba a moverlos para colocarlos sobre la pila, y aunque saltó en un primer momento dispuesto a hacerle soltar el cuerpo, manteniendo lo que había dicho, enseguida retrocedió en un esfuerzo por controlarse; sólamente iba a colocarlos en la pira y aunque no le honrara , ni mucho menos, tampoco tenía sentido el seguir con las amenazas. Simplemente caminó lentamente, vigilando atentamente al otro hasta que hubo dejado reposar los cuerpos sobre los leños.

Durante unos instantes, el viento dejó de soplar, y la luna, ya bien alta, hizo brillar la pálida piel del padre y la hija que yacían, frente al mar, el tenue perfil del montaje improvisado recortado contra la profunda oscuridad del mar que quedaba detrás. Inclinó la cabeza por única respuesta al agradecimiento del mago, y el dispositivo del hombro chasqueó, parpadeando brevemente por ser incapaz de encontrar una imagen que reflejara lo que pasaba por la mente de Gabriel.
Entonces, al caer el leño encendido sobre la pira, comenzó el leve crepitar de las llamas, primero como un murmullo para luego extenderse como una voraz tempestad que engulló a los fallecidos.
Miró de reojo al mago para ver cómo éste inclinaba la cabeza y apartaba la vista en gesto afligido; él no lo hizo, mucho más decidido a parecer más frío. Ya había rendido pleitesía durante su vigía, y aunque ese no debía de haber sido el destino de aquellas personas ya sólo quedaba que descansaran en paz.

Giró la cabeza para evitar el olor a carne y hueso carbonizados que pronto invadiría el lugar, y comenzó a caminar de regreso hacia los restos de la cabaña que quedaban junto al acantilado. Sin embargo el escuchar cómo el otro se presentaba se paró en seco; se volvió y, devolviendo aquella extraña sonrisa que le dedicaba el mago se alzó sobre las patas traseras; aún cuando desplazándose sobre las cuatro no era demasiado grande ni tampoco era demasiado corpulento, al mantenerse así era capaz de parecer más imponente, estirándose sobre los cuartos traseros y sacándole una buena cabeza al desconocido.

- Llámame Cero. -

El comunicador resonó dejando escapar una leve interferencia, y con un zumbido sobre el emisor que llevaba colgado se dibujó la silueta anaranjada del dígito. No iba a decirle su nombre completo por ahora, mostrándose cauto y desconfiado a partes iguales, pues sabía cuán importante podían ser los nombres para un brujo, y lo que era peor, la utilidad que éstos podían darle. Pero aún así intentó mantenerse lo más sereno, indiferente y educado que pudo.

Incluso hizo ademán de tender una mano al frente pero en seguida la retiró al percatarse de la zarpa llena de arena que se extendía ante él, no por hacerle un feo a Sebastian, sino por sentirse extraño tendiéndole una garra monstruosa.
Bajó la mirada, descolocado de repente, pues a veces se le olvidaba. Y de repente se sintió cansado.
Se tambaleó, manteniendo el equilibrio a duras penas mientras se dejaba caer sobre las cuatro patas pesadamente de nuevo usando la cola como contrapeso, y acto seguido observó alrededor, intentando centrarse en articular una frase para que el comunicador la tradujera de la manera más fluida posible.

-Llevo todo el día viajando. Me gustaría poder descansar, lo que queda de noche, estoy reventado. -
Inclinó la cabeza, señalando con los cuernos hacia la choza derruida.
-Ese era un buen sitio. Ahora hay demasiadas astillas, se clavan entre el pelaje. -
Aunque la voz mecánica sonaba fría intentó hacer algo de énfasis, en parte para mi volver a recuperar el ánimo, intentando parecer más simpático dejando escapar una risa entre dientes, pero sólo consiguió emitir un extraño silbido que se asemejaba burdamente a una carcajada de hiena.
-Puedo acompañarte. Me iré por la mañana y no contaré nada de lo ocurrido... Tengo mis propios problemas.-

Asintió de nuevo, mirando a los ojos al mago. Aunque no confiaba en él temía que no podía hacer otra cosa, y mientras se daba la vuelta para comenzar a caminar de nuevo en dirección a la subida de la playa donde estaba la motocicleta, preguntándose si allí arriba encontraría algún sitio donde poder descansar un poco, pensó en el curso tan inesperado que había tomado la noche.
Sólo deseaba que no fuera regla general para el resto del viaje.

Off:
No te preocupes xD Supuse que te habría ocurrido algo, estuve preguntando a ver si alguien había hablado contigo en los últimos días, aunque también estuve liado con trabajo, sorry nwn"




-

Mensaje por O'Shea el Jue 07 Jul 2016, 19:56

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Re: Acantilados de Dover

Sebastian colocó su sonrisa de tonto como la vez pasada y se limitó a asentir al escuchar el nombre de la quimera “Es un nombre que le pega bastante bien, tomando en cuenta todo lo que lleva encima” se burló Apolyon, pero Sebastian solamente lo ignoró, sabiendo que aquel demonio no tenía ningún respeto por lo que no le importaba −Es un gusto, cero…− le dijo aun manteniendo aquella sonrisa de tonto al hablar.
Cero se puso en dos patas y Sebastian solo pudo mirar hacia arriba aún con aquella expresión en los labios, su tamaño en dos patas no le causaba ninguna intimidación, más bien, un poco de ternura, y como había sentido antes, quiso abalanzársele y abrazarlo fuertemente como a un gatito al verlo tan tímido estirando la zarpa y después bajando a la arena.

Bueno, parece que no puede olvidar sus costumbres humanas” le dijo Apolyon a su recipiente, “Entonces… ¿este chico era antes un humano?” le preguntó Sebastian conteniéndose de levantar una ceja ante el quimera “Así es…” le contestó el demonio dentro de él sin ninguna emoción y casi indiferente “Vamos… no estarás enfadado todavía por eso del ritual o sí?” le preguntó Sebastian pensando a modo de puchero, pero Apolyon no contestó; lo cierto era que aunque no lo admitiera, a veces el demonio se comportaba como un niño de cinco años enfadado por algo sin sentido, como aquella situación por ejemplo.
Cuando Cero volvió a articular palabra (o más bien su comunicador) Sebastian lo relacionó enseguida con el sonido del barco que según había escuchado Apolyon antes, pero siguió escuchando hablar al chico; cuando mencionó lo de las astillas se volvió para ver toda la pila arder, el aire ya estaba impregnado con ese olor a carne quemada que se hacía pasar un poco por pimienta y que le llenaba de escozor la nariz.

Ya no importa si le dices a alguien o no… mi trabajo está hecho, lo único que falta es ir a por la paga, si difundes algo ya es de menor caso– comentó entonces Sebastian en un tono algo indiferente –Además, no eran gente conocida…– terminó entonces aún sin dejar de ver a la pila. Y ahora que lo pensaba, ya había oscurecido, no tenía gasolina ni un lugar donde dormir “Perfecto ¿y ahora? ” comentó Apolyon con irritación en su cabeza y el mago giró los ojos ahora que Cero no podía verle la cara. Miró de nuevo a la cara de la quimera, quien lo miraba fijo a los ojos y simplemente compuso de nuevo otra sonrisa –Bueno la verdad es que… no tengo donde quedarme, aunque siempre opto por dormir a la luz de la luna– dijo entonces haciendo una seña hacia arriba y sugiriéndolo como una opción, el clima estaba más que perfecto, en la cima del acantilado había pasto y bueno, no había señales de que llovería, entonces la situación no podía ser más favorable.

Sebastian siguió a Cero hacia el camino para subir el acantilado, pasando antes por su gabardina negra y deteniéndose unos segundos a contemplar de nuevo el fuego, ya casi no había señales de los cuerpos y la llama seguía ardiendo tan intensa como en un principio. Dobló la gabardina y se la puso en un brazo para retomar el paso hacia arriba.

En cuanto estuvo encima del acantilado, caminó un poco hacía la izquierda y atrás, estando a una distancia prudente del borde del acantilado, la luna estaba encima de ellos y la brisa del mar llegaba perfectamente allí, Sebastian cerró los ojos entonces e inhaló profundamente, ya había decidido donde iba a dormir.


Off:
¡De verdad que estaba vez si me pasé! Lo siento mucho, la inspiración se me fue y me concentraba en otras cosas; todas las noches era como de "ya, posteale a Oshea..." pero siempre se me iban las cabras y no posteaba, lo siento u.u espero que no estés enojado u.u´

Mensaje por Sebastian Collins el Jue 14 Jul 2016, 07:36

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Re: Acantilados de Dover

Conforme caminaba no podía evitar orientar las orejas hacia Sebastian, que caminaba a sus espaldas, permaneciendo atento a cualquier sonido que emitiera el mago. Aunque su sugerencia de dormir al aire libre no era algo que le acabara de entusiasmar el cansancio de todo el día en marcha se le había echado encima como una pesada piedra enganchada al lomo. Caminaba despacio, balanceando los hombros y dejando la mochila colgar perezosamente sobre uno de los costados. Y aunque no debería, el haber escuchado a su compañero referirse a una "paga" le había hecho calmarse algo más; efectivamente, aquello terminaba de confirmarle que debía de tratarse de un mercenario. Y aunque todavía podía tratarse de un cazador, se sentía más seguro con la certeza de que sobre su cabeza, al menos por ahora, no existía recompensa alguna. O al menos no desde que había dejado de ser humano.

Sacudió la cabeza, un repentino picor en el hombro haciendo que agitara la cabeza y se relamiera los dientes, intentando apartar de su mente ese tipo de pensamientos. En ocasiones asumía su condición, pero en otras simplemente se negaba a pensar que ya no era el mismo, aunque fuera de mente. Giró a mirar al mago, que le seguía por el camino tras recoger la gabardina de dónde la había dejado, y por un momento estuvo a punto de preguntar si no hubiera sido mejor recoger y arrastrar la motocicleta de nuevo arriba, pero inmediatamente recordó que habían usado el tanque de combustible para prenderle fuego a la pira funeraria.

Todavía esperó a que subieran por el camino, permaneciendo en silencio y con paso tranquilo; el camino ascendía lentamente por la parte más baja del acantilado, y aunque antiguo el asfaltado todavía lo hacía perfectamente transitable para los vehículos. Al llegar a lo alto del acantilado salieron al lateral del camino que se alejaba, la pequeña carretera perdiéndose en la oscuridad de la noche, y escuchó a Sebastian desviarse. Aparte del camino, todo estaba cubierto de un grueso manto de pasto que suponía un agradable contraste con el de la arena húmeda y la grava de la playa. Volvió a mirar al mago, hundiendo los espolones esta vez en la tierna hierba al tiempo que se acercaba despacio desde detrás.

Observó que el humano admiraba el paisaje nocturno, apacible, oscuro.

Se sentó, observando su silueta, y ladeando a cabeza se limitó a chasquear la lengua.
-Es muy tranquilo. Brisa. El olor es agradable.-
Arrugó el hocico como si intentara esbozar una media sonrisa. El viento soplaba de manera que allí arriba el humo no llegaba, sino que el aroma de la hierba era la que inundaba la cima del acantilado. Era ciertamente increíble cómo a solo unos metros, el acantilado llegaba a su límite y descendía a la playa que habían dejado, con olores y paisajes completamente diferentes... Era como encontrarse en la frontera entre dos mundos totalmente distintos.

-¿Dormimos aquí? ¿No acampamos?-

Sacudió la cola a su espalda, dejándola caer con un sonido hueco contra la tierra y revolviendo el pasto que quedaba en derredor. Y aunque ciertamente agotado, permaneció quieto clavado en el sitio, observando el paisaje y al mago.

OFF:
En serio, no te preocupes XDDD Si prefieres simplemente podemos hacer posts mas cortitos, asi no tenemos que exprimirnos tanto la sesera para hacer un tocho y avanzamos más rápido, y de veras que no me molesta ^W^

Mensaje por O'Shea el Vie 15 Jul 2016, 01:26

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Re: Acantilados de Dover

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