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Ambientación

Año 2039. Pese a que en la mayor parte de Europa el proceso de paz tras una larga guerra se ha ido concretado, Inglaterra, la raíz intolerante de la guerra sigue envuelta en un caos sin ton ni son. Los humanos no quieren vivir con los magos o cualquier otro ser mágico. Lo mismo sucede con buena parte de la raza mágica.

Los humanos sin magia han optado por volverse más viscerales después de casi 20 años en una continua guerra que sólo ha dejado destrucción y soledad en la capital londinense. Han decidido que erradicar la magia de Inglaterra es la única manera de establecer la paz y, evidentemente, la sociedad mágica no está de acuerdo.

El Ejército de la Alianza Humana ha preparado sus grandes robots para escanear cada ápice de tierra e inhabilitar a cada ciudadano con capacidades mágicas bajo las herramientas necesarias. Los capturados son llevados a campos de concentración donde les son retirados todos los aspectos mágicos y “reconvertidos” a humanos sin posibilidad de ejercer sus habilidades.

La mayor parte de la historia se desarrolla on rol en algunos países de Europa, aunque es una guerra a nivel mundial que afecta en mayor o menos medida a casi todo el planeta, especialmente en las ciudades. Actualmente en el año 2039, el tipo de mundo en el que está ambientado es una mezcla entre lo futurista de la tecnología humana, con elementos de ciencia ficción que se contraponen a un mundo más tradicional de tipo fantástico, representado en su mayoría por los magos. La escenografía es a menudo oscura, con tintes post apocalípticos.


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La ambientación de este foro tiene diversas influencias, entre las que se encuentran la saga de Harry Potter de JK Rowling, así como otra literatura de fantasía ( TLOTR, Reinos Olvidados, Dragonlance...). También hay elementos propios de la literatura distópica y de la ciencia ficción (cyberpunk). El desarrollo de la historia del foro, bandos y sus tramas principales vienen de la mano de Johan Black, Sirius Black y Catherine Le Fay. Todas las historias y ediciones de personajes corresponden a sus respectivos users.

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Fábrica Abandonada

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Fábrica Abandonada

Recuerdo del primer mensaje :



Esta es una vieja fabrica abandonada que lleva sin funcionar desde que fue gravemente tocada por la II Guerra Mundial, al igual que ocurrió con los puertos, pero al contrario que estos, no se ha recuperado y nunca lo hará. Es un punto perfecto de reunión para maleantes, mafias, traficantes, y un escondrijo perfecto para los ladrones y todo tipo de gamberros. Cuidado con las ratas y los materiales oxidados

Mensaje por Admin el Miér 15 Jul 2015, 12:37

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Re: Fábrica Abandonada

Como escuchando las palabras de mi hermana oigo unos pasos acercarse al poco, y aparece un hombre moreno algo extraño. Siento la magia cerca de él, es un mago, cosa que no me sorprende: No muchos muggles se adentrarían en estos lugares solos. Él habla de nuestra debilidad respecto a las balas, pero no pienso que sea irónico, sino un punto a mejorar.
El hombre se queda quieto cerca nuestra, levantando las manos. No puedo evitar una sonrisa a sus palabras, ¿quién en su sano juicio se perdería por aquí sino a propósito? Termino mi manzana y tiro los restos por algún rincón.

-No nos hemos perdido, pero tampoco buscamos cualquier oportunidad.

Miro a Sharon y luego al otro, sin bajar la guardia porque a saber quién era ese.

-¿Qué ofreces?

~ ~ ~

Mensaje por Julian Birdwhistle el Jue 05 Nov 2015, 12:29

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Re: Fábrica Abandonada

Como si hubiera escuchado nuestras palabras, un mago aparece delante nuestra era moreno de ojos dorados, delgado y no parecía demasiado fuerte. Este decía que era una lástima que no hubiera comida que impidiera que te alcanzara una bala, pero yo no pensaba así, por que si estuviera bueno yo me lo comería de todas maneras independientemente de si paraba balas o no. Cuando el desconocido levantó las manos pude notar que Jules sonreía, seguramente pensando quién sería capaz de perderse en un lugar como este y quedarse aquí. Julian dijo que no buscábamos cualquier oportunidad, en ese momento me miró, yo asentí y me preparé con la daga escondida por si nos hacía falta salir de allí en ese momento preguntó lo que queríamos saber... que ofrecía.

- ¿Y qué pides a cambio?

En ese momento terminé la manzana pues cuando llegó sin darme cuenta había dejado de comer mi desayuno. Dejé los restos junto a mí, ya que no veía el momento de lanzar los lejos. En mi rostro no había ni un mínimo de emociones, estaba molesta ya que había interrumpido mi comida, pero tampoco era como para enfadarse.

Mensaje por Sharon Birdwhistle el Jue 05 Nov 2015, 16:22

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Re: Fábrica Abandonada

Cautelosos y tal vez recelosos de más, aunque no es de extrañar si son mercenarios, como parecen confirmarme. Eso sí, dejan claro que pueden ponerse exquisitos si quieren, no cogerán cualquier oportunidad si no les parece bien. Estos mercenarios son así, interesados, no son los primeros con los que trato. En cierto modo yo también lo soy, sólo que apunto a jefes más ricos. Ojalá tuviese otro encargo como el del antiguo emperador de Rusia, al que no sé cómo le irá después de la ayuda que le presté con aquel artefacto para bloquear los poderes de su esposa. Me acerco a una de las cajas de madera que hay por allí sueltas, tomando asiento para hablar con más tranquilidad mientras hacemos negocios.

- Veamos...las dos preguntas principales. Qué ofrezco y qué pido a cambio. Os puedo ofrecer oro, o dinero. Tengo ambos. Eso para empezar. Luego si la relación de negocios resulta satisfactoria ya se verá... - lo dejo en el aire, como queriendo referirme a otras cosas, como objetos.

- La parte de lo que pido es sencilla, para empezar. Necesito que me capturéis un mago. Uno cualquiera, no me importa ni edad, ni sexo, nada. Pero necesito mercancía humana con la que trabajar y traficar. Y yo no tengo tiempo de ir a la caza de magos. El destino que le de supongo que os da igual.

"ahora espero que no me vengan con remilgos, no necesito mercenarios con valores"

- No es muy difícil, si aceptáis sólo tenéis que capturar a alguien vivo y podremos hacer el intercambio. Dinero por ese mago o bruja. No sé si sois nuevos en el negocio, pero es de las misiones más sencillas que podréis encontrar. Además, sois dos, eso es una ventaja.

Mensaje por Tobías Gutenberg el Jue 05 Nov 2015, 18:08

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Re: Fábrica Abandonada

El hombre se sienta en una caja cercana y nos explica sus intereses. Dinero, claro, lo que la mayoría buscamos ahora, no está mal. Escucho lo que nos dice con mi rostro más serio, pensando. "¿Mercancía humana?" Sé por el tiempo que llevamos en esto que hay todo tipo de gente, pero no magos que trafiquen con magos, aunque para todo hay una primera vez.

-Es un trabajo fácil, y no voy a meterme en lo que quieras hacer con él o ella, pero quiero hablar con mi hermana un momento.

Me alejo un poco de él y le hago a Sharon una señal con la cabeza para que me siga, donde no pueda oirnos al hablar en voz baja.

-Podemos capturar a un mago de la Resistencia, siempre andan merodeando por ahí para convencer a otros, sería fácil y tal vez encontremos información de los Blood Keepers. No nos llevaría mucho.

La miro, esperando su opinión.

~ ~ ~

Mensaje por Julian Birdwhistle el Jue 05 Nov 2015, 21:00

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Re: Fábrica Abandonada

El mago se sentó y nos explicó lo que quería, no entendía por que había mercancía de magos, ni por que quería uno, pero Jules lo veía fácil y seguramente nos vendría bien. Justo como pensé me hizo un gesto con la cabeza para que le siguiera, donde no nos pudiera oír el mago, yo asentí y lo seguí. Julian decía de capturar un mago de la resistencia y buscar de paso información de los Blood Keppers.

-Me parece bien, pero creo que deberíamos hacer que no nos viera nuestros rostros, ya que si vamos a dejarlo vivo puede delatarnos si se le escapa al mago-

Mentí, la verdad es que no me hacía mucha gracia capturar a un mago, para darse lo a otro mago, pero pronto terminaríamos con esto, tan solo quería que este si escapaba no supiera que fui yo quien lo secuestró, ya que quizás si conseguía unirme a las mil grullas conviviera con la resistencia.

-También deberíamos pedir información de pago al mago si conseguimos lo que pide, así tendríamos algo por donde seguir buscando-

Concluí esperando que le pareciera bien lo que le decía, no solía tener ideas malas, eran efectivas y siempre parecían objetivas. Miré a Jules a los ojos esperando que este me contestara si estaba o no de acuerdo con lo que yo decía.

Mensaje por Sharon Birdwhistle el Jue 05 Nov 2015, 21:46

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Re: Fábrica Abandonada

El chico no parece tener problemas con eso de secuestrar, afortunadamente son mercenarios en condiciones, sin reparos. En teoría, que luego siempre surgen tonterías de esas de tener principios o de querer cambiar, siempre hay de esos. Asiento cuando dice que debe hablar con su hermana, esperando a que lo haga mientras yo me quedo sentado en la caja esa. Supongo de lo que están hablando: si les conviene, si soy de fiar, si voy a pagarles...esas cosas.

Tampoco hace falta que se alejen de mí para tratar esos asuntos.  Sin embargo soy paciente y permanezco callado mientras debaten, aunque puede que haga falta que les eche una mano para tratar de decidirse o de ponerse de acuerdo.

"no sé si forman parte de una organización mayor o si están ellos solos, pero lo segundo sería mejor. Son más manejables si van en pequeños grupos."

Cuando creo que ha pasado un tiempo prudencial decido levantarme de la caja, carraspeando un poco para llamar su atención. - ¿Y bien? ¿qué habéis decidido? Os haré la entrega en cuanto vea al pago. Os doy el dinero y luego me lo entregáis. Si estáis de acuerdo con eso podemos volver a vernos aquí dentro de una semana, aproximadamente, creo que es tiempo de sobra para conseguir lo que pido. No os arrepentiréis, siempre pago mis deudas. - me llevo las manos a los bolsillos de la bata, sonriendo de manera más o menos confiable.

Mensaje por Tobías Gutenberg el Jue 05 Nov 2015, 22:01

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Re: Fábrica Abandonada

Escucho a Sharon y pongo una mano en mi barbilla, acariciando mi barba imaginaria mientras pienso. Nunca nos había importado mucho que nos viese, pero tenía un buen punto ahora que nos acercábamos a la ciudad, y estaríamos por allí merodeando.

-Vale.

Información. Ese mago no debe tener mucho, pero podríamos preguntar. Seguimos decidiendo cuando el hombre se levanta de su caja y nos dice algunas cosas para convencernos. Sí, claro que iba a pagarnos, sino Sharon y yo nos encargaríamos de él.

-Muy bien, aceptamos.

Me acerco a él y extiendo la mano, para sellar el trato. No sonrío ahora, pero estoy tranquilo, tengo mi espada cerca y la magia siempre en la punta de mis dedos.

-Dime algo, ¿sabes de los Blood Keepers ultimamente?

~ ~ ~

Mensaje por Julian Birdwhistle el Vie 06 Nov 2015, 18:27

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Re: Fábrica Abandonada

Me relajé mentalmente cuando Jules aceptó mis ideas, el mago parecía querer cerrar el trato, me hizo gracia que intentara convencernos, como si no supiéramos ya que nos iba a pagar. Jules aceptó por los dos, yo asentí estaba de acuerdo, ya que seguramente fuera una de las últimas misiones que hiciéramos juntos, intentaría estar bien con mi hermano hasta el final. Éste extendió su mano hacia el mago para cerrar el trato, yo me controlé y me puse cerca, a su lado para cuando le preguntara al mago sobre los Blood Keppers. En el momento en el que le preguntó miré al mago directamente a los ojos, no era una amenaza lo que había en mis ojos, solo era una advertencia, de que si notaba que mentía saldría volando de la fábrica.

Mensaje por Sharon Birdwhistle el Sáb 07 Nov 2015, 21:19

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Re: Fábrica Abandonada

Muestro una sonrisa que denota que me complace su decisión final, así que me acerco a él para extender la mano y estrechársela. De ese modo queda el trato cerrado. - Perfecto, procurad no herir demasiado al mago que capturéis, algo que pueda curarse fácilmente. Sé que es difícil capturarlos sin herirlos nada. Y sed discretos, no quiero que os lo robe nadie antes de la entrega aquí.

"que hay mucho aprovechado. Además, pueden sentirse tentados de regalarlo a otro que les pague más"

Le lanzo una mirada un tanto suspicaz cuando pregunta por los Blood Keepers, pensando que puede buscarlos por dos motivos. O bien por interés, para hacer negocios con ellos, o bien porque tiene asuntos pendientes y quiere vengarse. Hay muchos de esos, los Blood Keepers han arruinado familias enteras.

- Verás...yo trabajé para ellos hace algún tiempo. Bueno, antes eran conocidos como 'ministeriales' pero el Ministerio de Magia se fue a la mierda. Sí, se lo que estarás pensando sobre mí, pero no me importa demasiado. Puedo decirte que se solían reunir en el castillo de Stirling, en Escocia. Pero sufrieron un ataque por parte de la Alianza.

"como mi castillo, tuvieron que meter sus narices en todo. Por suerte me fui antes"

- No sé a ciencia cierta dónde están ahora, supongo que estarán reagrupándose o recobrando fuerzas, porque dudo que se den por vencidos. Es lo que tiene el fanatismo. En la Posada de los Muertos hay un cartel con el nombre de Rybar Dvorak. Él era uno de esos aurores del ministerio, si hablas con él puede que te enteres más del tema. - le dejo toda la información que tengo al respecto, a mi no me supone ningún esfuerzo decirlo, y tampoco voy a pedirle una rebaja en el precio del trabajo por eso. Doy la charla por terminada, puesto que ya hemos hablado todo lo que había que hablar. - Bien, pues eso es todo por ahora. Nos vemos aquí en una semana. Traeré vuestro pago. No me falléis...- lo último lo digo tanto como petición como a modo de advertencia, y tras una última sonrisa extraña a ambos me marcho del lugar.

Mensaje por Tobías Gutenberg el Sáb 07 Nov 2015, 21:58

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Re: Fábrica Abandonada

Sharon y yo escuchamos atentos lo que el mago habla, no puedo evitar una mueca cuando dice 'fanatismo'. Mi visión es más ideal, defienden lo que nos pertenece, pero teniendo un trabajo para con él me guardo cualquier queja y asiento cuando habla de una posada. No sería difícil de encontrar, pero ese tal Rybar a saber por donde anda...
Ya pensaría en ello más tarde, el mago se despide recordandonos el trabajo, y yo recojo mi espada y mi bolsa del suelo, y miro a Sharon.

-¿Lo tienes todo? Nos vamos.

Y así, mi hermana y yo desaparecemos de ese lugar a buscar un mago de la Resistencia que nos sea útil.

~ ~ ~

Mensaje por Julian Birdwhistle el Dom 08 Nov 2015, 01:18

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Re: Fábrica Abandonada

Al fin llegamos de nuevo a la fabrica, estaba preocupada por el chico, ya que no sabía que le pasaría si lo dábamos al otro mago, pero no era el momento de arrepentirse, por lo que me dirigí hacia nuestro chico moribundo aún con la capucha puesta.

-Estamos esperando a un mago, él cuidará de ti.

Le comenté mientras esperaba a que este llegara, me senté en el mismo sitio que la última vez que estuve allí, le hice un gesto para que el chico también se sentara. Pensé durante un rato si debía decirle algo más para que se relajara y no intentara resistirse, aunque desde el principio no había intentado escaparse.

-Si... si ves que él no se porta bien contigo, avísanos. Y allí estaremos.

Añadí después de un rato, para Jules seguramente lo que yo decía tan solo era una mentira muy bien hecha y muy creíble, para que el mago no se nos rebelara. Pero, a decir verdad, yo no estaba mintiendo con respecto a ello, ya que si de verdad conseguía contactar con nosotros se merecía que lo ayudáramos, al menos yo sí iría, con o sin Jules.

Mensaje por Sharon Birdwhistle el Dom 29 Nov 2015, 21:24

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Re: Fábrica Abandonada

"Mensaje del papel comunicador"
Saludos compañer@
Te notifico para comunicarte de que Indira, esa chica que trabaja en el bar, me ha hablado de ti y me ha dicho que te avise sobre la misión que se va a efectuar para recuperar el Moulin Noir. El punto de encuentro es en la azotea del edificio que se encuentra frente al Moulin, allí nos reuniremos todos y contaremos todo lo que tenemos planeado para efectuar dicha misión.
Nos vemos en el campo de batalla y espero que acabemos ésta misión con éxito.
                                                                                                                                                         Karasu

Mensaje por Kosuke Zekerasu el Dom 29 Nov 2015, 21:42

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Re: Fábrica Abandonada

Sharon y yo nos aparecemos en la fabrica con el mago debilucho. Ella se sienta donde la otra vez, invitando al otro a acompañarla. Incluso como pantera puedo rodar mis ojos, y eso hago. Luego me pongo a limpiar la sangre de mis zarpas, mirando a Iseph con ojos asesinos. Más le vale estarse quieto hasta que llegue nuesro cliente, quiero tenerlo cuanto menos herido para cobrar más dinero por él. Que bien sienta esto de tener a un Resistente bajo tu influencia...

~ ~ ~

Mensaje por Julian Birdwhistle el Dom 29 Nov 2015, 21:45

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Re: Fábrica Abandonada

El tiempo acordado transcurre sin pena ni gloria para mí, poco para hacer durante estos días. Lorelei tampoco ha encontrado todavía ninguna casa que nos sirva por la zona residencial de Londres, todo demasiado vigilado. Empiezo a dudar que consigamos hacernos con algún refugio por allí, así que a ratos me replanteo lo de recuperar el castillo, eso sí, protegiéndolo mejor que antes. Acudo al punto de reunión con calma, para darles tiempo a los mercenarios a llegar. Resultan ser más puntuales de lo que esperaba, a pesar de parecer tan jóvenes son responsables. Una leve sonrisa de satisfacción aparece en mi rostro al ver que han conseguido capturarme algo, espero que sea un mago. Saludo educadamente al acercarme a los mercenarios, aunque me acerco primero a la víctima para ver la mercancía.

Me agacho a su altura, puesto que se había sentado, y aparto de su cara cualquier cosa que estorbe (capucha, pelo) agarrándolo del cabello para echar su cabeza hacia atrás, de manera brusca. Saco del bolsillo de mi bata un pequeño bisturí, haciendo un pequeño corte en su barbilla, con el objetivo de hacer una pequeña comprobación sobre su sangre. De este modo consigo saber que no me han dado gato por liebre, ya que los pequeños brillos que emite el hilillo de sangre al manar me confirman que es de nuestra raza. Suelto la cabeza del chico, con brusquedad. - Muy bien. Habéis cumplido con el trato. Parece un tanto débil y enano, no sé si me darán mucho por él, pero cumpliré con mi parte y os daré un pago en consecuencia. - saco del bolsillo derecho del pantalón un pequeño saquito, que contienen una pieza de oro. Por suerte todavía me quedan bastantes cosas del generoso pago del emperador ruso. Ese sí que fue un buen encargo. Lanzo la pieza de oro a la muchacha, para que lo cace al vuelo. - Obviamente es auténtico, directamente venido de las arcas del que fue emperador de Rusia. - mientras espero a que lo examine aguardo al lado de mi nueva presa, esperando poder marcharme rápido para seguir con mis planes. En cuanto me despido de ellos me marcho del lugar con mi prisionero.

Mensaje por Tobías Gutenberg el Dom 29 Nov 2015, 22:08

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Re: Fábrica Abandonada

Por fin llegó nuestro comprador, este comprobó si su sangre brillaba, en ese momento me pregunté si no era capaz de sentirlo, pero me dio igual me levanté al ver que aceptaba la mercancía y cogí al vuelo la moneda de oro que el mago me había lanzado. Asentí al mirarla se notaba su autenticidad, lo miré directamente a los ojos aún con la capucha puesta.

-Muchas gracias, nosotros nos marchamos ya.

Le agradecí al extraño mago comprador, mientras me dirigía a la salida miré mi papel comunicador y había en el algo escrito, y raro en mí, me gustaba lo que decía.

-Al parecer tenemos otro trabajo, y de los buenos.

Le dije a Jules mientras le contaba lo escrito, pues al parecer teníamos una misión de recuperar el Moulin Noir. Nos encontraríamos con todos en la azotea del edificio que se encuentra frente al Moulin, y crearíamos un plan. Después salimos de allí.

Mensaje por Sharon Birdwhistle el Dom 29 Nov 2015, 23:38

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Re: Fábrica Abandonada

Casco puesto, Sol poco molesto. Base de la vida diurna para Rhylaonar. Si bien otros drows habían aprendido a admitir la existencia de la luz solar, como bien pudiera ser el decepcionante capitán (o ex-capitán) de la Alianza Humana, a mi drow le desagradaba de sobremanera la sensación ya no del sol golpeando sus ojos, si no sencillamente existiendo. Le daba asco que existiera. Que se diera el lujo de estar allí arriba, que se atreviera a bañar su bonita piel con aquellos repugnantes rayos de luz, que muchas veces le provocaban reacciones adversas.

El casco, por lo tanto, era su salvación. La luz apenas podía colarse por una ínfima rendija. Pero así embutido en su armadura por completo se sentía mucho más seguro, ya no solo por el malestar de los rayos ultravioletas golpeando su pellejo, si no por mera seguridad. Y tal vez incluso por evitar llamar la atención… Más allá de la que llamara un hombre en una armadura medieval completa en pleno siglo XXI. Pero la cuestión es que uno no pensaría que era un drow. Y Rhylaonar, que tanto despreciaba los humanos, comprendía aún así el valor de no ir llamando la atención cuando tenía desventaja.

-Hay un sitio que encontrarás un poco… Miserable, pero que nos puede hacer de refugio. Cercano.- Tal y como caminaba su armadura emitía un breve “clank, clank, clank…” un poco cómico. -Imagino que estás más acostumbrado a casas un poco lujosas, decentes. Si todo va bien igual podrás conseguirte algo con techo. Y si te luces, este no será de cartón. Por ahora...- Dramatismo como a él siempre le gustaba, dejar las frases a medias, para dar paso a la acción.

Su brazo trazó una parábola en el aire como si quisiera enmarcar en esta un colosal edificio de aspecto viejo y abandonado. Si bien el viaje debía haber sido eterno para ambos, por las muchas incomodidades, no podrían negar la cercanía del objetivo.

La fábrica no era un lugar acogedor. No era siquiera un lugar del todo imponente. Era la imagen de un viejo luchador. En algún día debía haber sido una perla entre los edificios que la rodeaban, había dado de comer a muchos trabajadores y se había producido cualquier producto de innegable utilidad, según los anuncios publicitarios. Ahora era poco más que una muestra de su anterior poder en decadencia, en ruinas, en destrozo pleno. Pero la mayoría del techo seguía en pie y ofrecía cobijo a ratas inmundas y seres que eran, para el resto, lo mismo que esos desagradables roedores.

-Es un templo a la antigua gloria humana, que ahora, tan ocupada en acabar con nosotros, ha acabado destrozando su propia ciudad. Es una pena. Ahora no se encuentra nada medianamente útil por ningun lado. ¿Quieres un rifle? Te los venden hasta online. ¿Una guitarra? ¡De eso no hacemos ya! Por fábricas abandonadas, hasta de preservativos. Imagino que querrán seguir criando como conejos. En eso radica toda su fuerza.- Eran muchas las molestias de Rhylaonar con el mundo exterior. Ahora que tenía alguien que pudiera escucharlas, estaba dispuesto a soltarlas. A mi me había dado por caso imposible, pues un día le dije que “los preservativos solo retienen la vida”. Y lo consideró estúpido, asqueroso, y me tachó nuevamente de curaco reprimido.

-Debe haber cosas interesantes si le pones empeño. Si quieres ver máquinas te aburrirás con ellas. Aunque están muy oxidadas.- Andaba a paso ligero en un intento de abandonar la luz e ingresar nuevamente en territorio oscuro, donde las sombras aún conservaran su poder. Encontró una puerta trasera muy oportuna, la que abrió. No la cerró, porque cayó al suelo por contacto. -Pero lo importante es que tiene sombra. Vagabundear no debe ser lo tuyo, pero…- Nunca abandonaría el resentimiento hacia las casas drow. Nunca, tampoco, estaría dispuesto a considerar dignos a los nobles. -Si encuentras la esquina y caja adecuada, con trapos algo aceitosos, uno se monta una habitación de lujo. Y creo que a ambos nos convendría dormir un poco.

Si no a ambos si a él mismo. Las heridas del combate contra el soldado le iban pasando factura. Bajo la armadura había palidecido un poco y tenía algo de dificultad para seguir conservando el equilibrio. Tenía varias heridas que tratar y aún iba cayendo sangre. La resistencia del drow era sorprendente, pero también podía verse mermada. Por eso se apresuró en hacerle un gesto a Ra’aksa para que le siguiera. Aún llevaría un minuto de seguir buscando el interior para alcanzar la cómoda oscuridad absoluta, pues las rendijas en el techo abundaban en gran parte de la fábrica.

Se quitó el casco. -Esto es nuestro centro de operaciones. Muy acogedor…- Debían haber acabado en una especie de almacén. Cajas y cajas de material industrial subían hasta el techo. Cartones y mantas tirados en el suelo probablemente indicaban la presencia de indigentes, aunque en aquel momento no estaban allí. -Mira, si el posadero ya nos ha preparado la habitación…- Comentó con tono irónico.

No tan irónico fue que se sentara en un apaño de silla. Esta apenas podía soportar el peso del conjunto elfo oscuro + armadura. Cerró sus brillantes ojos como si pensara en algo, aunque realmente, pocos pensamientos se cruzaban por la mente de Rhylaonar. -¿Te apetece un tour turístico con guía personal, prefieres darte una vueltecita tu solo para dedicar el tiempo que quieras mirando tiendas caza-guiris, o apostarías por una siestecilla? Las siestas… ¡Ah, bendición! Los inglesitos se las han copiado a los españoles. Si bien los españoles me dan igual, les agradeceré siempre la idea de “sueño corto”. Aunque algo me dice que se hace por la tarde, y no por la madrugada…

Algo de tos interrumpió el poco valioso discurso de Rhylaonar, tan poco acostumbrado a estar enfermo. Alguna bala en el lugar equivocado provocó que viniera acompañada de sangre. Se refregó la mano contra la boca y observó en el metal de la armadura pequeñas gotitas rojas. Suspiró, soltó aire, guardó silencio unos instantes y entonces, mirando a Ra’aksa, se atrevió a decir. -¿Quieres ver una bala? Creo que me sobran… Entre la costilla… Una o dos, o… Ouch.- Pasada la batalla le pasaban factura sus anteriores crímenes, sus asesinatos a sangre fría.

~ ~ ~

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Mensaje por Rhylaonar el Vie 17 Jun 2016, 01:34

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Re: Fábrica Abandonada

El sol era algo mucho peor de lo que había pensado. Las historias que en su biblioteca había leído lo describían como algo malo, eso desde luego. Rayos que descendían del cielo a la tierra para abrasarlo todo a su paso, criaturas radiantes que matan de forma indiscriminada y cuyas voces susurrantes murmuran secretos innombrables para llevar a los mortales hasta la locura.. La verdad es que lo hubiese preferido mil veces antes de aquel horror. Al principio era algo leve, una pequeña molestia. Pero la cosa había empeorado increiblemente. Apenas veía, y todo lo que sus ojos podían distinguir eran manchas de colores formándose en horizonte en una pésima calidad. Pero la cosa no quedaba ahí, pues sentía cómo si el aire estuviese viciado por aquel enfermizo calor que emitía el astro rey. No podía respirar con soltura, y cada vez que lograba hacerlo sentía el arder del sol en sus pulmones. Además, hacía tiempo que había perdido la sensibilidad en toda la piel, por lo que saber en que lugar exacto se encontraba Karma era imposible. A decir verdad, la araña podría haberle picado en aquel momento y no se había dado ni cuenta.

Ya ni hablemos de la proeza que le conllevaba caminar o hablar.

Ciertamente habían tenido muchísima suerte, aunque Ra'aksa no se encontrase en el momento de verlo. Era asombroso que hubieran podido escapar de algo semejante. Hacía apenas media hora pensaban que todo estaba perdido, que íban a ser arrestados, encarcelados, juzgados y masacrados sin piedad. Y sin embargo, ante los dos elfos oscuros se les abría una nueva oportunidad. No así para el Drow. Ra'asksa sentía la garganta como si la tuviera envuelta en cristales rotos. La carne agrietada de sus labios le quemaba. Sus ojos se negaban a enfocar.

Se apoyó en el borde del escudo para descansar por un momento. Sabía que Rhylaonar estaba diciendo algo, pero no le escuchó. No porque no le interesase lo que este quería decirle. Al contrario, toda información sobre un posible lugar al amparo del azote solar era lo que más podía agradecer. Pero, simple y llanamente, sus oídos funcionaban tan mal cómo el resto de su debilitado cuerpo. Pudo oir el siseo de las palabras del Drow, pero en su mente sonaron tan borrosas cómo el horizonte. Quiso decir algo, pero su boca, seca, se negó a emitir sonido. Y para colmo, al apoyarse en el escudo, el cual había estado usando a modo de sombrilla todo el camino, recibió aún más directamente si cabe la luz solar. Fue peor el remedio que la enfermedad.

Una mancha grís se hizo visible entonces en el fondo azul. No estaba en su mejor momento, pero su cerebro podía trabajar lo suficiente cómo para darse cuenta de que aquel debía ser el refugio al que Rhylaonar lo estaba llevando. Un enorme y sobrio edificio digno de un noble cómo él. Sacudió los hombros tratando de decidir si sus músculos estaban listos para hacer frente a unos diez minutos más de camino. No lo veía nada claro. Volvió a recorrer la caravana con la mirada, en busca de cualquier indicio de que el mareo le había hecho calcular mal las distancias y de que ya se encontraban justo enfrente del edificio. No parecía ser el caso. Aquellos fueron los peores diez minútos de su vida.

Pero después de la tormenta llega la calma, o en este caso, después del sol la sombra. El aire en aquel lugar era muy fresco. Al principio fue muy tenue, una humedad fría que sintió al atravesar el arco de entrada que le permitiría abordar la fábrica abandonada. Pero poco a poco, a medida que se dejó caer sobre la fría pared de acero, fue recuperando todos y cada uno de los sentidos que el sol abrasador le había arrebatado.

Entonces, y sólo entonces, dio un vistazo en derredor. Una fábrica. Una fábrica abandonada había sido el lugar elegido por Rhylaonar para traerle. A decir verdad era algo natural. No sabía por qué había esperado un lugar lleno de lujos. Delirios provocados por el sol, se dijo a si mismo, mientras recordaba las palabras que el colosal Elfo Oscuro le había dirigido en el bar. Tenía que quitarse de la cabeza aquellos delirios de grandeza si quería avanzar cómo Elfo Oscuro en tierras humanas. Ahora él, al igual que el resto, vivía en aquella ignominiosa decadencia de la que la forma de salir, desde luego, no pasaba por negarla. Avanzó con cautela, receloso de las trampas. Había perdido su fortuna, pero no su capacidad de observación. Avanzando un poco por el lugar podía quedar claro que estaba todo abandonado, parecía que no hubiera pasado nadie por el lugar en mucho tiempo al menos a simple vista, pero si te fijabas mas a fondo se podía notar la falta de polvo en algunos lugares y marcas que denotaban que había sido usado de forma bastante reciente. ladrones, asesinos, mafias.. Las posibilidades de que no fuesen los únicos escondidos entre aquellos muros de hojalata eran muy altas, y de ser así tenían que tener cuidado.

—Es un templo a la antigua gloria humana, que ahora, tan ocupada en acabar con nosotros, ha acabado destrozando su propia ciudad. Es una pena. Ahora no se encuentra nada medianamente útil por ningun lado. ¿Quieres un rifle? Te los venden hasta online. ¿Una guitarra? ¡De eso no hacemos ya! Por fábricas abandonadas, hasta de preservativos. Imagino que querrán seguir criando como conejos. En eso radica toda su fuerza.— Las palabras del gigante sirvieron de fondo al vistazo de Ra'aksa al edificio, quien no dio muchas más importancia a la poética palabrería de su compañero. La fachada estaba bastante deteriorada, la habitación en la que se encontraban completamente desvalijada y no quería ni pensar en el interior.

—¿Gloria Humana?— Escupió con una risotada —Esas ratas pálidas no conocen el concepto de gloria, querido Rhylaonar. Para ellos la gloria, el poder, el éxito… Todos ellos se basan en una expansión innecesaria para compensar el hecho de ser los habitantes menos dignos y capaces de este planeta.

—Debe haber cosas interesantes si le pones empeño. Si quieres ver máquinas te aburrirás con ellas. Aunque están muy oxidadas.— Poco a poco, y con una repuesta velocidad, se internaban más y más en los oscuros pasillos que componían aquel antro. A decir verdad las máquinas no era lo que más interaba a Ra'aksa en aquel momento. Necesitaba descansar, y en su estado incluso una caja tirada en el suelo estaba bien. —Pero lo importante es que tiene sombra. Vagabundear no debe ser lo tuyo, pero…— Las palabras de Rhylaonar guardaban cierto recelo, y Ra'aksa se obligó a si mismo a recordar que aquel era sólo un plebeyo. —Si encuentras la esquina y caja adecuada, con trapos algo aceitosos, uno se monta una habitación de lujo. Y creo que a ambos nos convendría dormir un poco.

En su cabeza lo de dormir en una caja sonaba bastante mejor.


—Esto es nuestro centro de operaciones. Muy acogedor…— Entraron entonces a un almacén. Cajas apiladas aquí y allá llenaban la sala hasta arriba, dejando huecos. libres aquí y allá. —Mira, si el posadero ya nos ha preparado la habitación…

No fue difícil para el Drow darse cuenta de una pila de cajas que imitaba de forma tosca un sillón. El polvo había sido removido de encima de este por alguien, por lo que supuso que ya había sido usado en el pasado para dormir. De hecho, era posible que estuviese siendo utilizada cómo cama por alguien que se hubiese levantado temprano. No era la mayor de sus preocupaciones. El sueño le podía, y se limitó a dejarse caer contra la superficie de cartón; no sin antes tomar una manta desgastada y acartonada del suelo y echarla sobre las cajas. No sabía que tenían dentro aquellas cajas, pero las encontró sorprendentemente blandas.

—¿Te apetece un tour turístico con guía personal, prefieres darte una vueltecita tu solo para dedicar el tiempo que quieras mirando tiendas caza-guiris, o apostarías por una siestecilla? Las siestas… ¡Ah, bendición! Los inglesitos se las han copiado a los españoles. Si bien los españoles me dan igual, les agradeceré siempre la idea de “sueño corto”. Aunque algo me dice que se hace por la tarde, y no por la madrugada…—  Ra'aksa no prestó atención a las últimas palabras de Rhylaonar, y se limitó a dejar que el sueño le venciese.

Se merecía aquel descanso..

Aquel día soñó. Era la primera vez que lo hacía en bastante tiempo, quizá porque no había tenido oportunidad de dormir más de dos o tres horas seguidas con anterioridad. Los sueños de aquella noche no fueron más que un vago recuerdo de lo que había sido la semana. Los largos viajes a través de los túneles más estrechos mientras huía de Hah Allanar, la llegada a la superficie... La verdad es que aquella última semana, especialmente el último día, habían servido para enseñarle a Ra'aksa cientos de sensaciones nuevas. Pero de todas ellas la única que se manifestó de forma onírica fue el sol. Aquella media hora larga de camino le había servido para aprender a temerlo y odiarlo.

~ ~ ~

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Mensaje por Ra'aksa Kihrstee el Miér 29 Jun 2016, 23:05

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Re: Fábrica Abandonada

Rhylaonar reparó escasamente en el efecto del Sol en el drow. O, mejor dicho: Evitó demostrar que le importara demasiado. La empatía era un sentimiento visto de forma muy negativa por los de su raza. Y si bien la había demostrado al ayudarse, ahora se avergonzaba de haber enseñado aquella faceta suya, tan impropia. En cierto modo parecía querer demostrar que seguía siendo un “digno” elfo oscuro, a pesar de haber cambiado mucho desde el día que abandonara su hogar. Probablemente el mayor cambio no era otro que su fortaleza bajo la luz del sol.

Pues Ra’aksa parecía estar desfalleciendo por cada paso que diera. -¡Ahí ardas en el infierno, mal pecador! ¡La luz purificadora saneará este mundo de los hijos de la oscuridad como tu! ¡Erradicará pestes desagradables, corruptores sin escrúpulos, viles formaciones al servicio del Mal!- Mis sentimientos se mezclaban con gritos que, lejos de salir por la boca de Rhylaonar, hacían que este fuera perdiendo su paciencia a cada paso.

-O te callas o me como un niño para compensar. Uno minusválido, que te dan mucha pena.- El silencio gobernaría su mente durante largos momentos, pues temía que fuera lo suficientemente… Atrevido como para llevar a cabo su amenaza. Ahí estábamos. Yo cómodo, atado a él como el buen espíritu que era, agradeciendo no pasar el mismo sufrimiento que él tuviera. Embutido en la armadura estaba tanto piel como mirada prácticamente a salvo del contacto directo del Sol, aunque hacía largo tiempo que se había acostumbrado. Nunca le acabaría de agradar, sin embargo, el bochorno y humedad londinense. La armadura se recalentaba hasta el punto de ser hasta peligrosa al tacto. Obviamente Rhylaonar llevaba más ropa bajo el metal, pero aquello convertía al pobre drow en una sauna casi hermética. Y toleraba mal el calor.

Pero desde luego no le suponía el mismo drama que a su compañero, que había quedado sin habla y prácticamente sin fuerzas. Paró cuando lo vio descansar, con su escudo, con una leve sonrisa entre de compasión y burla bajo el casco. -Qué adorable. Me recuerda a mí, cuando vi el sol por primera vez, con mi jefe y amigo en brazos más muerto que otra cosa por gracia de mi querido espíritu de compañía. Que dulce.- Las indirectas pasaban a ser descaradas directas en los pensamientos de Rhylaonar.

-Al… Al principio es un poco cansino, sí. Aquí a seis meses, en invierno, no te preocuparás por ello. Pero acabarás olvidándolo. La cosa es que nos ha pillado un día un poco… soleadico, si.- Dijo él con toda aquella simpatía natural que afloraba en los elfos oscuros ante la debilidad de otros, con esa sonrisa imbécil que solo Rhylaonar sabía lucir. Desgraciadamente, el casco la ocultaba a la vista de todos. Aunque por el estado de Ra’aksa mucho me temo que aún con el yelmo subido habría visto muy poco.

Si bien el drow burguesito pudiera quedar decepcionado por la estancia, a Rhylaonar le parecía un regalo divino. Cumplía las necesidades básicas de cualquier hogar: Protegía de las calamidades del exterior y le proporcionaba prácticamente cualquier servicio necesario. Habían depósitos en todos lados que recogían muy bien el agua de la siempre llorosa Londres. Las ratas (y otras bestias mayores) constituían una cena perfecta en épocas de hambruna. Y encima era un lugar concurrido por gente de peor alcurnia que él, lo cual lo hacía noble de semejante vertedero. Aunque ahora que el verdadero elfo noble estaba allí, esperaba no ver su posición debatida.

Por primera vez en mucho tiempo la voz de Ra’aksa se abrió paso entre los ruidos del corretear de las ratas y el goteo de techos húmedos. -¿Gloria Humana?- Risa enfermiza, desagradable. -Esas ratas pálidas no conocen el concepto de gloria, querido Rhylaonar. Para ellos la gloria, el poder, el éxito… Todos ellos se basan en una expansión innecesaria para compensar el hecho de ser los habitantes menos dignos y capaces de este planeta.- Si bien el elfo oscuro le miró comprensivamente (ya con el visor colocado arriba), no compartía del todo su visión. Comprendía su desprecio a los humanos, pero…

-Los humanos en si son débiles. Enferman rápidamente, mueren en un abrir y cerrar de ojos, y son los menos preparados de todas las especies en el arte de la lucha. Y, lo peor, desconocen la magia.- El largo silencio de Rhylaonar auguraba ese “pero” a su discurso. -Sin embargo nuestros libros no reflejan la realidad. Los despreciábamos porque, hace una generación de las nuestras, seguían viviendo en la porquería, matándose entre ellos, muriendo entre la roña, acosados a pestes, enfermedades y mil historias más. Pero ahora, querido Ra’aksa, son diferentes. En quinientos años, la vida de uno de los nuestros, han aprendido demasiado. Y nosotros les hemos dejado...-

Iban a ser un dúo demasiado aficionado al discurso. -La gloria de los humanos no está en su raza ni en el individuo. Si no en su poder creativo. Ya has visto sus máquinas, el coloso de metal… Y eso no es todo. Día a día avanzan y crean mayores abominaciones, que alguien como tu o yo apenas podemos comprender. Lo llaman tecnología. La gloria humana no está en su condición como humano, si no en su poder creador. Los elfos oscuros vivimos estancados en el tiempo. Los humanos progresan. Y si dejamos que vivan quinientos años más, me temo que su poder no conocerá límites ningunos.-

Las palabras de Rhylaonar no expresaban miedo. Tal vez eso fuera lo peor del discurso. Que no exageraba los hechos, no acrecentaba nada. Sencillamente recitaba un conjunto de hechos. Exponía una realidad innegable y abrumadora. Y eso era todo.

El resto de camino por la fábrica no albergó más conversaciones por parte de Ra’aksa, lo cual descontentó a Rhylaonar, que detestaba quedar en silencio. Más con mis constantes consejos sobre como hacer cada cosa, sobre qué tan cruel era el drow, y sobre cuánto convenía separarse de él. Habían llegado a la habitación. Rhylaonar no había reparado lo suficiente como para saber que su compañero iba a preferir el descanso por encima de todas las cosas, tan hecho polvo como estaba. El coloso había ido a la posada con intención de dormir y el descanso le resultaba muy recomendable, pero aún con esas habría preferido dar una vuelta antes de ir a dormir. Yo me agotaba por instantes, requería mis horas de descanso diarias, ese letargo único de los que ya han pasado a mejor vida.

Ra’aksa se dejó caer en un sillón y, resignado, Rhylaonar comprendió que no iba a haber mucha más charla. Sus últimas palabras quedaron abandonadas en el aire. Y el guerrero no acabó de tomarse a bien aquello. Algo mareado se dejó caer contra una máquina: El sonido del metal contra el metal le hirió las orejas y lo puso especialmente sensible. Ya en voz alta, conociendo el sueño de Ra’aksa, me habló. -No… No me encuentro bien…- No eran muchas las ocasiones en que se manifestara débil. Sabía que podía sacar provecho de ellas para tomar el control del cuerpo. Pero quizás, muy en el fondo, también era consciente de que mi… Paladinesco origen, aunque él lo clasificara de “quijotesco”, me impedía hacer tan atroz acto.

-Las balas. Sácatelas. Intentaré parar el sangrado con las fuerzas absorbidas antes.- Por primera vez Rhylaonar se dio cuenta que hacerme caso era la mejor opción. Se quitó la armadura pieza por pieza, pensando que debería arreglar los agujeros. Y también que debió haber utilizado la cota de malla. Bajo su piel había al menos dos balas bien clavadas. El proceso de cura fue largo y lento: Él poco a poco las iba extrayendo y yo me ocupaba de ir parando la hemorragia. Pronto necesité más energía vital para la labor. Cazó torpemente con la magia de la espada varias ratas, a las que fui extrayendo las fuerzas (sin matarlas, por supuesto) hasta que Rhylaonar recuperó algo el color.

Aunque sus ojos, más que nunca, reflejaban ese matiz dorado que tanto despreciaba. “El amarillo es el color de los enfermos y condenados”, recordó. En su raza ese color reflejaba de todo menos lo bueno. Y ahí estaba. Sin armadura, sin camiseta y con la piel bañada de regueros de sangre. Se sentía débil, agotado, triste. -... Gracias.- Se atrevió a gruñirme. Se puso de nuevo la camisa pero no la armadura. Le temblaba el pulso. Clavó a Viento de oro al suelo y miró a Ra’aksa, absorto en sus pensamientos.

Lo prudente habría sido hacer guardia. Pero no culparé que su cuerpo se abandonara al sueño. O tal vez se desmayó. Fuera como fuera quedó dormido entre todas las piezas de su armadura y el frío y oxidado metal de la máquina en la que hubiera sentado el culo al principio. Fue un descanso intranquilo y poco productivo, seco de sueños. Casi desagradable. Pero la cuestión es que unas horas de no moverse hicieron mucho bien no solamente en él, si no en mi. Me abandoné al profundo sueño de los muertos, que duraría hasta que Rhylaonar volviera a despertar. O tal vez más.

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Mensaje por Rhylaonar el Jue 30 Jun 2016, 00:42

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Re: Fábrica Abandonada

Para cuando despertó, Rhylaonar seguía durmiendo. Se había quitado la armadura y ropajes de tela eran los únicos que cubrían su cuerpo. Aunque no lo reconocería jamás, Ra'aksa se había preguntado en más de una ocasión durante el trayecto si bestía ropas debajo de la armadura. Con aquella calor, no hacerlo le parecía cada vez una idea menos descabellada. No sabía cuantas horas había dormido, aunque podía intuir que bastantes. Notaba su cuerpo, cansado por jornadas de viaje sin apenas poder descansar, bastante descansado. Se preguntó a si mismo si habría comenzado a anochecer ya. Interiormente se moría de ganas por salir a explorar más de lo que el exterior le tenía reservado, y aquella limitación horaria que la luz del día le suponía era una verdadera putada. No tardaría mucho en descubrir que apenas había pasado el mediodía.

Fuere cómo fuese, sentía la necesidad imperiosa de estirar un poco las piernas. Por ello, no le resultaba mala idea lo de dar un paseo por la fábrica, para ver lo que esta le tenía reservado. Se levantó con mucho cuidado para no despertar a su compañero de Almacén y salió de la habitación. No cogió el escudo, aunque sí que se llevó a Réquiem consigo mismo. Probablemente más por el valor del arma que por miedo a ser atacado. La siesta le había servido para olvidarse de que le perseguían.

La verdad es que todo cuidado que pudiese haber tenido al levantarse fue en vano. Poco después de comenzar a caminar por la fábrica subió en las escaleras, y una vez en el piso de arriba, al abrir una puerta esta se desplomó con la misma facilidad con la que lo había hecho la del almacén en el que se habían instalado, golpeando el suelo con un ruido seco que resonó por todo el edificio. Que Rhylaonar diese gracias si no se había despertado tras eso. No pudo evitar soltar un —Mierda— antes de seguir con su jornada de exploración, la cual de todas formas no estaba resultando especialmente interesante. Él era un estudioso, y normalmente no le hacía mucho feo a cualquier tipo de conocimiento. Pero la maquinaria, la ingeniería y los asuntos de humanos le resultaban increíblemente aburridos. Se dio una oportunidad para intentar aprender de las horas muertas de visita en la fábrica, pero antes de una hora aquel laberinto de metal oxidado le resultó increiblemente aburrido.

Encontró vagabundeando por aquel primer piso una zona especialmente interesantes. Era una especie de oficina de vigilancia. Una sala amplísima, con un montón de pantallas distribuidas a lo largo de tres grandes escritorios, cada uno de los cuales ocupaban por completo la pared en la que se apoyaban. La cuarta, además de por la puerta, se encontraba ocupada por una variedad de carteles, fotografías y pósteres. A Ra'aksa le llamó especialmente la atención un cartel promocional de Champagne, de Hitchcock. El resto, ora eran simples fotografías de paisajes, ora estaban completamente tapadas por un enorme graffiti, en el que la palabra "Tornado" muy ornamentada cubría practicamente toda la pared y gran parte de la contigua, incluyendo varios monitores.

Las que si habían sobrevivido el paso del tiempo habían sido las sillas del lugar. Al menos relativamente. Estaban sucias, desgastadas y cubiertas por una capa de polvo que revelaba que hacía muchísimo que nadie se sentaba en ninguna de las trés. Posiblemente el último que lo habia hecho había sido el autor de la pintada de la pared. Ra'aksa no lo pensó, se sentó en una de ellas. Eran sillas giratorias, de esas con ruedas en la parte inferior. Un verdadero juguete para un niño, o para alguien que nunca se había sentado en una de ellas. Aquello era un invento humano, a fin de cuentas. No se dignó ni en sacudir el polvo. Comenzaba a acostumbrarse a la indigencia.

La diversión duró lo que tardó en descubrir los cajones en los escritorios bajo los monitores, e impulsado por una súbita curiosidad se lanzó a abrirlos, obviamente sentado en la silla. En el primero no descubrió demasiado. Unos caramelos que probablemente llevaban ahí más tiempo del que le gustaría pensar que llevaban, y que obviamente no iba a comerse; una fotografía en blanco y negro en la que podía verse a una familia compuesta por un hombre calvo, una mujer gorda y una niña con dos trencitas; y un trozo de metal inservible que hasta mucho tiempo después Ra'aksa no supo que se trataba de un pin del Manchester United, un equipo local de un deporte humano de tantos. Fue antes de abrir el segundo que escuchó unas pisadas en la sala venir por el pasillo y supo que no estaba sólo. Probablemente el golpe que había dado previamente había despertado a su compañero de viajes.

—Lamento si te he despertado, Rhylaonar— Murmuró en voz . No esperaba a nadie que no fuese él en la fábrica. —Con respecto a lo de la puerta...

—Te equivocas de persona, Kihrstee.— Le respondió una voz femenina en perfecto Drow. Se giró cómo un resorte.       —Aunque estoy de acuerdo en que deberías haber sido menos ruidoso

La conocía. Myranda Susurraesquirlas era la hija menor de una antigua casa con demasiados herederos abanderada de los Kihrstee. Era una joven de no más de ochenta años, atractiva, de ojos rojos, pequeña y delgada cómo una aguja. La primera vez que la vio fue el día que esta nació. Él era apenas un niño de algo más de una treintena y su madre lo obligó a asistir al banquete sería dado en conmemoración al nacimiento de la niña. Cuando Ra'aksa vió aquel bebé; pequeño, feo y arrugado; chupando de la teta de Ma'Therra, la ocupada nodriza de los Susurraesquirlas, no pensó que fuese a convertirse en una mujer de tal porte. Nunca supo por qué se la había puesto un nombre humano, aunque en más de una ocasión oyó rumores de que era una cuenta pendiente con alguna humana abandonada hace mucho en el tiempo. Se habían visto un par de veces desde entonces, pero para desagrado de los lujuriosos deseos de Ra’aksa nada importante. Él era una rata de biblioteca y ella una exploradora avezada.

—Myranda...— Suspiró. Había olvidado que estaba en busca y captura. —Supongo que buscas mi cabeza.

—Yo y medio Hah Allanar.— Afirmó la chica, siseante —Tu hermano ha ofrecido una fortuna a quién te entregue, vivo o muerto.— Dudó un momento antes de continuar, no sin antes cruzar sus ojos carmesí con los de Ra’aksa, mientras las facciones de su rostro se relajaban. El elfo pudo adivinar que buscaba en su mente algún recuerdo reseñable juntos. Recuerdo que al parecer no pudo encontrar, pues rápidamente volvió a fruncir el ceño —Pero imagino que no vas a venir conmigo por las buenas— Supuso con un tono que no carecía de dulzura.

—Imaginas bien— Y sin dar tiempo a mucho más comenzó a mover frente a sí a Requiem, trazando grandes círculos.

Myranda bufó, mostrando una clara desgana. Se notaba que no le apetecía nada tener que luchar ahora. Pero no era tonta, y no iba a rechazar una pelea que le pudiese suponer ingresos económicos de aquel calibre. Ra'aksa no sabía a que demonios jugaba Zaehein. No tenía duda de que saldría en su busca, pero en ningún momento se le había pasado por la cabeza que pusiese precio a su vida. Especialmente porque no le veía dirigiendo nada. Su hermano siempre había tenido las dotes de mando de un pollo sin cabeza. La elfa desenfundó su espada mientras seguía negando con la cabeza, para después adoptar una guardia que recordaba mucho a la de un duelista de esgrima. Ra'aksa pudo ver una daga de paradas enfundada en el cinto, que la chica había optado por no desenfundar por el momento. Mantuvo esa guardia, en posición defensiva, esperando a que fuese él quien diese el primer golpe.

El sable de la Drow era algo muy diferente a Requiem o al Gran Espadón de Rhylaonar. Era una espada muy fina, un rayo de luna translúcido, una esquirla de cristal tan delgada que casi no se veía de canto. Aunque a decir verdad, los raros eran ellos, y no su oponente. Los Drow siempre habían preferido un estilo de combate más ligero y carente de las molestias que un escudo les podía proporcionar. Él había aprendido a luchar junto a su hermano, y había aprendido de esta forma que la velocidad marca la diferencia. Podía resultar estúpido pues que decidiese tomar para si mismo un escudo y un arma tan lenta y dependiente de la inercia y el balanceo cómo un mangual, pero la verdad es que luchar bien nunca fue lo que más le preocupó.

Las armas chocaron una y otra vez, hasta el punto en el que Ra'aksa sintió deseos de taparse los oídos para protegerse del lamento angustioso que emitían. Por lo que había oído, Myranda era una gran espadachina y no era extraño que le estuviese dando un tan duro combate. La chica se movía con una facilidad insultante, lanzando suaves espadazos y ágiles estocadas aquí y allá que Kihrstee esquivaba cómo buenamente podía. Era de saber popular que la familia Susurraesquirlas impregnaba en sus armas antes del combate veneno de Tesorera Dorada, una de las especies de araña más peligrosas y mortíferas de la infraoscuridad, las cuales según había oido criában en uno de los pisos más bajo del Pilar Milagro. No sería él quien se arriesgaría a probar el filo de aquella espada ni aunque fuese rozándolo.

Ra'aksa se maldijo a si mismo por no haber traido su escudo. Sus golpes eran muy lentos y predecibles, aunque gracias a la capacidad de Requiem de alargarse y acortarse a voluntad pudo atinar un par de golpes peligrosos que sirvieron únicamente para obligar a su oponente a desenvainar su daga. Aquella estaba siendo una lucha desesperante. Myranda había sido entrenada personalmente por el maestro de armas de Pilar Milagro, un Drow experimentado y aficionado a las mujeres de la calle apodado La Oveja. Ra'aksa no recordaba su nombre.

En determinado momento la chica encontró un error en la siempre mejorable técnica de Ra'aksa y ejecutó una poderosa estocada dirigida al corazón del Drow, que se suponía que debía acabar con su vida. Quizá por el instinto que le había hecho aferrarse a la vida hasta ese momento o quizá símplemente por el equilibrio perdido con el último golpe, el cual había sido especialmente poderoso, el elfo oscuro cayó de culo y el espadazo pasó por encima de su cabeza. Casi por instinto, y antes de permitir un contrataque, levantó la mano y lanzó un pedazo de hielo especialmente afilado al vientre de la chica; la cual, al recibir el impacto, tropezó con su oponente y cayó al suelo de bruces. Ra'aksa escuchó el ruido de acero contra acero de la espada rodando por el suelo.

El elfo se levantó con toda la agilidad que su pesada arma le permitía, preparado para lanzar un golpe. Myranda fue lo suficiente rápida cómo para propinar una fuerte patada en el vientre de Kihrstee e intentar rodar para coger su espada, pero el elfo, prediciendo este movimiento y debido a la escasez de fuerza en el golpe de la chica, consiguió agarrar su pierna con la mano izquierda; a la par que con la derecha descargaba todo el peso de la cabeza del mangual sobre la chica. Pudo verla sacar su daga del cinto, aunque nunca supo muy bien si pretendía lanzar otro ataque o usarla para parar el golpe. Fuere cómo fuese, este fue demasiado rápido, golpeando su espalda con violencia. Escuchó el crujir de varias costillas al romperse a la par que la chica caía al suelo. Un segundo golpe en plena espalda y la chica cayó al suelo.

Estaba muerta.

Ra'aksa se recostó sobre la silla. La sangre goteaba desde la cabeza de Requiem, y él estaba exhausto. La verdad es que la Drow le había dado bastantes problemas, y no era ni mucho menos la mejor guerrera de Hah Allanar. Aquello le dio que pensar. Si era sorprendido allí por cualquier otro Drow sería brutalmente destrozado. Mucho más si fuese alguno de los muchos hermanos de Myranda. Tendría problemas, definitivamente. Decidió pues que no era buena idea estar mucho tiempo allí, y tras recuperar levemente el aliento se dio tiempo para volver a adentrarse en el laberinto de metal que componía la fábrica. Creía recordar cómo llegar hasta el almacén.

Realmente su memoria le engañaba. No obstante, pudo seguir las marcas de sus pisadas de vuelta a través de los enrevesados pasillos de la fábrica. El camino fue tranquilo, y no precisamente por la discrección de Ra'aksa. La paranoia y el miedo a poder estar siendo perseguido lo hacían especialmente torpe, y fueron varios los golpes más fuertes de la cuenta que dió sin querer, contando portazos y tropezones.

Encontró la puerta tan abierta cómo estaba cuando salió. No era para menos, se había desplomado completamente cuando Rhylaonar la abrió. Este estaba en el interior de la habitación. Tenía mala cara, pero no parecía enfadado. Más bien era cómo si estuviese... Enfermo. Y eso a Ra'aksa no le gustaba, porque si le atacaban necesitaría a su compañero al máximo de sus capacidades.

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Mensaje por Ra'aksa Kihrstee el Lun 04 Jul 2016, 03:01

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Re: Fábrica Abandonada

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Narraré con Rhylaonar hasta el próximo aviso.

Silencio. No lo entiendes: Silencio. Nunca lo entenderías. Han… Han pasado algunos años desde que el condenado muerto tomara mi cuerpo como su hogar personal. Y eran pocas las ocasiones en las que el espíritu descansaba más que yo. Tenía sus plazos de sueño, de letargo, que debía cumplir muy cuidadosamente para mantenerse en plenas condiciones. Los hacía coincidir con los míos. Pero un abuso de su poder y un sueño más corto que de costumbre provocaron que él durmiera, mientras yo estaba allí. Despierto.

Y el silencio reinaba en mi mente. Por unos momentos, tal vez minutos, tal vez horas, sería yo mismo y solamente yo. Nada de dobles personalidades poco a poco fundiéndose. Basta de confundir sus pensamientos con los míos. Nada, absolutamente nada. Solo yo. Y por alguna razón aquello me llenaba, más que de libertad, de puro terror. Había dejado de atreverme a enfrentarme el mundo yo solo. Solía dejar que el muerto (el espíritu, a los que queráis más formalidad) pensara por mí. Y yo me limitaba a aportar mi granito de arena y ejecutar acciones.

Nunca he sido un hombre inteligente, como sabrás. Nunca he sido un hombre muy… autónomo. Me pasé mis días en el burdel, donde los mayores me decían paso por paso que hacer, luego me uní a los ladrones y las estrategias los trazaban los más inteligentes, y luego al… Al huir estaba el muerto. Que por mucho que lo odie, por mucho asco que le tenga, hace un buen trabajo en eso de pensar. Pero en aquel momento él tampoco estaba ahí. Y por primera vez en mucho tiempo me encontraba solo. Solo, silencioso, sin más que mis propios pensamientos. Y nada más que mi propio respirar. Ra’aksa no estaba.

Lo busqué con la mirada, aún a medio tumbar. No estaba en el “sillón”, ni tampoco en cualquier otro lado. -Se… Se ha ido. Aquí me ha dejado.- Hablé en voz alta como siempre que hacía al no haber nadie más en la sala, pero obviamente, no respondió tampoco el espíritu. El eco de mis palabras reverberó por las retorcidas paredes hechas trizas, entre cajas y tubos de metal, entre roña y ratas. -Yo creía que…- Si bien parecía poco afectado, en el fondo, aquello me dejó algo tocado.

Y no sabía porqué. Los drows eran seres individualistas, ¿Porqué me costaba recordarme aquello? El corazón poco a poco iba acelerándose. Todos aquellos pensamientos de hacer algo más, de… Actuar en grupo, se habían desmoronado. Ya sentado me quedé ahí. Abrazado torpemente a mis piernas, temblando. Tenía frío. Hacía calor, y… -... Oh.- El escudo. Se lo había dejado. Mis ojos captaron aquella pequeña figura. No, no se habría dejado algo tan vital, sencillamente debía haber ido a dar una vuelta.

Suspiré aliviado, casi con ganas de reírme por mi dramatismo anterior. No sabía hasta qué punto duraría mi contacto con Ra’aksa, e intuía que la relación entre nosotros tenía una finalidad, más que nada, de supervivencia. Pero me daba cuenta poco a poco que el elfo oscuro -que él tanto defendía- era un concepto ya absurdo. Habían pasado años, y ahora, después de todo, había visto otro de mi raza. Y nos había sido natural juntarnos. En el fondo no éramos seres individuales, y nuestra fuerza radicaba en la unión. Los más individualistas eran esos que renunciaban a su naturaleza voluntariamente… No dejaba de creer que éramos superiores a los humanos. Pero comprendí que el poderío y temor que inspirábamos a otras razas, más que por nuestro poder, era por nuestros números.

Y yo era uno especialmente poco inteligente. No me lo negaba, no intentaba esconderlo tampoco. Había algo dentro de mi que me gritaba a veces opciones más… Correctas de las que pensaba. Como si hubiera un resquicio de sabiduría bajo casi cien kilos de carne. Pero esa vena no surgía más que cuando estaba completamente solo. Esa esquirla de conocimiento aparecía en contadísimas ocasiones, y ahora, eran más escasas que nunca. Y casi me esforzaba en ahogarla y negarla, prefiriendo depender en otros…

Confiaba en Ra’aksa por esa misma razón. Me gustaba tener a alguien un poco más listo a mi alrededor. Aún con el riesgo de ser utilizado. Aún sabiendo que en el fondo no debía ser más que una herramienta para él, como probablemente la fui para muchos otros. Y quizás te preguntes, ¿A cuento de qué me puse a pensar en tantas cosas? No tenía muchas más oportunidades de, sencillamente, debatir mis pensamientos. -... Preferiría que las cosas fueran un poco más fáciles.- Suspiré finalmente, de nuevo en voz alta.

¿Fáciles? No, no lo eran. En el fondo la guerra y los humanos me inspiraban un terror que no tenía hacia absolutamente nada más. Aunque se podía solucionar ese problema con la más sabia de las soluciones, la fuerza bruta, a veces no me bastaba… Fuerza bruta para ello. A veces esos centinelas me superaban. Y ahora aquellos disparos me debilitaban. No tardaría en recuperarme, nunca lo hacía. Pero un periodo de debilidad no era lo que necesitaba en aquel momento. No iba a ser útil. No iba a ser nada. ¿Qué era yo sin mi fuerza? ¿Quién era Rhylaonar, el “semiorco” según algunos, sin lo único de lo que podía enorgullecerse?

Hice un esfuerzo por ponerme de nuevo la armadura, tras echarle un trago a una de las botellas robadas. Había hecho aquello miles de veces y aquella lo hizo solo una más. No era tan difícil. Ahora cierras esta correa y… Se movía la mano y todo temblaba. Fue complicado, realmente. Quizás solo quería hacer tiempo para que Ra’aksa regresara. “¿Y si se ha perdido?”, pensé. O incluso, “¿Y si realmente ha ido a por más gente? ¿Y si solo es una trampa? ¿Y si viene con amigos a matarme? ¿Y si es parte de los Rilyn’lyl? ¿O si es…?”

No. Menuda estupidez. O tal vez no tanto. No me puse el yelmo en esa ocasión, pero si que había dejado bien puesta la cota de malla debajo de todo aquel metal. ¿Sabes? Las armaduras no pesan tanto como parecen. Es una mentira como una casa: Y no te hacen tan torpe, tampoco. Podía saltar, rodar, todo lo que pudiera necesitar. La espada ya era otro asunto: Viento de oro era una condenada inútil pieza de metal atada a un mango sin suficiente contrapeso, una espada mal hecha y mal diseñada, que si podía llevar era por mi descomunal fuerza. En manos ajenas solía ser inútil. Y si no la había acabado cambiando por un mandoble más digno era porque era mágica.

Y porque me perseguía por todos lados. Siempre volvía. O quizás solamente volvía yo a ella…

-No lo entendéis, vosotras. Correteáis por ahí, le robáis el queso a quien podáis y os quedáis más anchas que otra cosa. Jodidas. No es todo matar, por desgracia. Me gustaba más cuando vivía allí abajo y me decían, “mata”. Y yo hacía eso. Los echo en falta, a todos ellos…- Me levanté. Mareo. Todo oscuro unos instantes, frío, vuelta a la normalidad. Me apoyé contra la espalda regruñiendo, moviendo mi coloso cuerpo hacia el “sillón” de Ra’aksa, harto de dormir sobre manchurrones de mi propia sangre reseca. Y ahí me senté, dando poca importancia a los crujidos que emitieran las cajas.

Nunca me entenderías, tu. Nunca lo harías. A ti… Te debe gustar la soledad, y debes sentirte molesto por situaciones con demasiada gente. No lo sé. Bah. No sé si siquiera existes. No tenía mucho que hacer, volviendo a la historia. Más allá de esperar y tratar de recuperarme. Leer… Habían libros por ahí tirados pero no era mi pasión, desde luego. Así que sencillamente saqué un pequeño tocón de madera, mi querida cuchilla de tallas e hice lo que solía usar para matar el tiempo.

Figuritas. Nunca creería uno que un gigante bruto con pasión por la sangre y por las ostias disfrutara de hacer diminutas figuritas de cualquier cosa. Error. Las hacía, muchas veces las vendía por un pico, las tiraba, las regalaba a niños, lo que fuera. No duraban demasiado conmigo. Pero ahí estaba, haciendo esta vez algo que pronto cobró forma antropomorfa. Miraba las ratas y la puerta caída y me daba la sensación de escuchar jaleo en la parte de arriba, pero no quise darle mayor peso a todo eso. La figura era, desde luego, un drow. Con sus pequeñitas orejitas picudas y su pequeña cara de mala ostia y su aún más pequeña naricita, con una larga y diminuta cabellera cayendo por sus espaldas.

Y una superlativa sonrisa de esas que dan ganas de pegar al autor. Creo que no debo decirte quién era mi fuente de inspiración. Me reí por lo bajo, como quien disimula, y seguí con lo mío. Ropa. Oh, ropa. No me gustaba la ropa. Prefería las armaduras y las espadas a los libros y las telas, que eran cosas de magos, sucios magos, inútiles magos, que no sabían ni coger una espada por el lado que no corta. E iba silbando distraídamente, alguna canción que escuchara por ahí, de esas que tanto le gustaban a Nymas. Aquel chaval. Con su harmoniquita, todo el día en el burdel, la delicia de toda jovenzuela. Con sus pelos rizados, y su lacito en la coleta, femenino, muy femenino. Lo que era natural en los drow hombres.

Y cantaba y me enseñaba a mi a cantar. Y me decía que tenía buena voz. Que era una pena que el físico no me acompañara. Y es que él tenía la altura perfecta: Un metro sesenta. Todo drow hombre debía aspirar a esa altura. Ni muy alto ni muy pequeño, el tamaño favorito de toda mujer que se preciara. Nymas había muerto cuando era yo un recién entrado en aquel clan de ladronzuelos, aparentemente en algún tipo de escabrosa y brutal violación por parte de una matrona de otra ciudad, que no quiso pagar el precio y… En fin.

Había algo en él que quedó impreso en mis sienes. “El amor, pequeño Rhy, es libre. Ama siempre, que amar es gratis. Excepto cuando uno lo compra, claro… Pero eso no es amor, ¿No?”, y me hablaba de esas cosas, él y su rosada piel. Hay quien decía que su padre era un elfo de superfície, lo que explicaba mucho de su amor por el cantar, su amor por el amor, su extraña felicidad. Cuando lo mataron me enfurecí. Si hubiera sido otro poco o nada me habría importado, pero él… No lo sé. Él no merecía aquello, él no era ni un buen drow, él no pertenecía a esa sociedad y no mercería acabar así.

Y ahora su bonito cuerpo debía estar pudriéndose en la primera fosa que le hicieran. Pero me quedaban sus canciones. Y ahí estaba, silbando como el más hábil de los petirrojos. Pero con mala cara, claro que tenía mala cara, había perdido demasiada sangre en un intento de hacerme el macho delante de Ra’aksa. Suspiré, trazando otro corte más sobre la superfície de la figura. Ya tenía forma. Era un mero elfo oscuro con un libro abierto entre las manos, como si fuera más inteligente que nadie. -Pero eres una figurita de madera y no tienes cerebro. ¿Lo sabes, no? Qué pena…- Interrumpí las cancioncillas para soltarle ese comentario.

No me hacía bien la soledad. Le hablaba a la nada, a las ratas, a las figuras de madera. Pero ahí tenía mi apaño casi acabado en cosa de una hora. Aún le faltaban detalles. Oh, detalles. Lo bien que vendían. Estiré el brazo para ver la figura de lejos, cerrando un ojo, observando su silueta contra la luz. Y luego lo comparé con la del drow, así… Le daba un aire, si. Me había salido delgaducho. Un momento. ¿El drow? La aparté de inmediato casi avergonzado y con los ojos muy abiertos miré el mangual que llevaba tan bañado de sangre.

Con menos fuerza en la voz de la que me hubiera gustado me atreví a hacer un comentario. -Tienes mala pinta.- Le dije, jugueteando con la figura entre los dedos. -... Aunque algo me dice que no soy quién para hablar.- Guardé la daga de las tallas mientras examinaba con más detalle la cantidad de sangre del mangual. Una rata o un gato no tenían tanta, desde luego. A no ser que uno se dedicara a restregarla específicamente contra dicho animalillo…

-¿Qué, peleándote por ahí? ¿Algún mendigo, alguna cosa? Y tu sin escudo. No sé como puedes vivir sin la incertidumbre de no saber si te clavarán algo por la espalda en un momento u otro.- Lo miré fijamente. Algo extrañado al no sentir el espíritu comentar mis palabras. -¿Has disfrutado el tour?

~ ~ ~

(Dibujo hecho por LuuPetitek <3)

Mensaje por Rhylaonar el Lun 04 Jul 2016, 22:25

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